Top 5 – Rock and Roll Hall of Fame

Rock Hall

Ringo Starr, George Harrison, Mick Jagger, Bob Dylan y otros destrozan “I Saw Her Standing There” en la ceremonia de 1988 del Rock and Roll Hall of Fame

El pasado sábado 18 de abril tuvo lugar la trigésima ceremonia anual del Rock and Roll Hall of Fame y más de 10.000 personas abarrotaron el Public Hall de Cleveland para ver cómo Joan Jett, Bill Whithers, Stevie Ray Vaughan, la Butterfield Blues Band y Green Day se convertían en miembros del selecto club y Ringo Starr y Lou Reed (a título póstumo) revalidaban su título como artistas en solitario (ambos ya habían sido honorados hace años como miembros de los Beatles y la Velvet Underground respectivamente).

El Rock and Roll Hall of Fame puede ser tildado de artificioso y esnob, y es cierto que, aunque se han dado excepciones, las all star jams que se preparan cada año suelen ser o bochornosamente desastrosas (véase el ejemplo de la de la foto que encabeza este artículo) o excesivamente adulteradas (ver a Ringo Starr y Paul McCartney cantar “Boys” acompañados de miembros de Green Day, los Yeah Yeah Yeahs y Miley Cyrus no es precisamente mi idea del rock and roll…) No obstante, desde hace décadas estas ceremonias de investidura se han convertido en el gran encuentro anual de la realeza del rock, y como tal nos han dejado muchos momentos para el recuerdo, ya sea en forma de emotivos discursos en los que grandes artistas se emocionan al hablar de sus ídolos, sorprendentes reencuentros entre antiguos compañeros que llevaban años sin subirse juntos a un escenario, demoledoras actuaciones musicales, o disparatadas salidas de tono e inesperadas broncas que sacan a relucir ese espíritu de peligro e imprevisibilidad que es la auténtica esencia del rock and roll. Estos son cinco de mis favoritos.

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CSNY 1974: The Doom Tour

Stage

Es una tarde cualquiera de primeros de julio en San Francisco. Está siendo un verano especialmente caluroso en el norte de California y el país entero se encuentra pegado a las pantallas de sus televisores siguiendo el escándalo de Watergate. Pero en una oficina en concreto de la ciudad de la Bahía el televisor está desconectado y varios hombres se concentran en torno a una mesa dedicados concienzudamente a un trabajo bien delicado. Su cometido es claro: abrir paquetes de Marlboro, sacar los cigarrillos de uno en uno, extraerles todo el tabaco, rellenarlos de nuevo con marihuana de la mejor calidad, volver a introducirlos en el paquete y sellarlo para que parezca que nunca ha sido abierto. En el extremo opuesto de la mesa la otra mitad de los hombres se dedican a rellenar cápsulas de vitamina C con cocaína para después meterlas de nuevo en sus respectivos botes. Crosby, Stills, Nash & Young están a punto de lanzarse a la carretera y sus empleados trabajan a destajo para ultimar los preparativos. La gran caravana de egos y excesos vuelve a ponerse en marcha y sus protagonistas no quieren que el más mínimo incidente al pasar por aduanas arruine la diversión.

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Neil Young, Live at the Cellar Door 1970

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Este mes sale a la venta el nuevo lanzamiento de los “archive performance series” de Neil Young, compuesto por trece temas recopilados de los seis conciertos en solitario que el cantante canadiense ofreció a lo largo de tres noches entre finales de noviembre y principios de diciembre de 1970 en el club The Cellar Door de Washington D.C. Las grabaciones ofrecen una visión cautivadoramente íntima del artista en un momento de incertidumbre en su trayectoria, pocos meses después de la disolución de Crosby, Stills, Nash & Young y a las puertas del éxito masivo de su carrera en solitario que llegaría el año siguiente. A lo largo de 45 minutos, Young recupera canciones antiguas y presenta composiciones nuevas en un ambiente cercano y familiar, ante un público de apenas 200 personas, mostrándose sincero y natural. Solo, sin otros músicos en los que apoyarse y escudado únicamente por su guitarra acústica Martin y su piano Steinway, sin saber aún muy bien qué le deparará el futuro y en mitad de la encrucijada personal, musical y social que supone el fin de la era hippie, resulta fascinante ser testigo de la honestidad, el talento y la fragilidad de un Neil Young con 25 años recién cumplidos.

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