Top 5 – The Rolling Stones

Stones 2

Este verano Keith Richards ha estado diciendo bastantes tonterías para promocionar su nuevo disco en solitario, Crosseyed Heart. Hace un mes el guitarrista declaró que Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band “es una basura” y poco después volvió a arremeter contra los Beatles asegurando que “como banda, no estaban sincronizados entre ellos”. Los de Liverpool no han sido los únicos en recibir las críticas de Richards, que también ha explicado que Black Sabbath y Metallica le parecen “un gran chiste” y que los Grateful Dead eran una “mierda aburrida”. Después de haber visto a los Rolling Stones en sus últimas dos giras resulta cuanto menos curioso que el señor Richards apunte con su dedo a otras bandas acusándolas de no sonar sincronizadas y ser un chiste, y no deja de resultarme triste que a estas alturas de la película el guitarrista necesite insultar a otros artistas para darse publicidad, pero el caso es que todas estas sandeces me han hecho recordar la época en que Mick Jagger y él tenían un grupo de rock and roll juntos. Ahí van cinco temas poco típicos de los Rolling Stones clásicos que ponen de manifiesto lo bueno que era ese grupo.

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45 años de Altamont: El infierno está a un disparo de distancia

Stones Jagger And  Richards  Eye  Hells Angels At Altamont

El pasado 6 de diciembre se cumplieron 45 años de un acontecimiento grabado a fuego en la historia del rock and roll por la enorme carga simbólica que acarrea. El festival de Altamont, que puso fin a la gira norteamericana de 1969 de los Rolling Stones, tuvo unos efectos tan demoledores como heterogéneos. Para los propios Stones Altamont significó la consolidación definitiva de la leyenda negra que les ha perseguido a lo largo de toda su carrera, para el joven Meredith Hunter supuso la muerte a puñaladas a manos de los Hell’s Angels, y para toda una generación señaló el violento desenlace de un sueño que había durado varios años; del ideal que aseguraba que era posible construir un mundo mejor a través del amor, la paz y la música.

Altamont es un tema que se ha tratado tan a menudo y desde tantas perspectivas que en ocasiones resulta complicado diferenciar el mito de la realidad. Casi medio siglo después, los sucesos de aquella noche siguen envueltos en un halo de misterio que dificulta la posibilidad de entender cómo un festival que debía haber sido una gran celebración pacífica acabó por convertirse en una pesadilla de violencia e irracionalidad. Lo que parece claro es que lo que aconteció aquel 6 de diciembre de 1969 fue el resultado de un cúmulo de desdichas y malas decisiones que se fueron encadenando hasta degenerar en el caos más absoluto. Partiendo de esa premisa, este artículo intentará, si no explicar, al menos ordenar los hechos que llevaron a la locura de esa noche en la que se firmó el acta de defunción de la Era de Acuario.

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The Pretty Things: Entrevista exclusiva

Phil Dick

Estamos doblando la esquina de la avenida de Pedro Diez con la calle Cuclillo para llegar a Gruta 77 cuando, de repente, nos encontramos frente a frente con Dick Taylor. El septuagenario guitarrista y sus dos acompañantes pasan de largo y, tras unos segundos de incrédula perplejidad, echamos a correr para abordarle y preguntarle si le importaría concedernos una entrevista. Taylor asegura que no hay ningún problema y nos guía hasta un bar cercano donde, tras invitarnos a sentarnos a la mesa con él, procede a mostrarse sorprendentemente cercano, amable y comunicativo durante los más de treinta minutos que dura nuestra conversación, bromeando y exhibiendo una cercanía que transmite la sensación de estar charlando con un simpático parroquiano con el que coincides a menudo en la misma tasca y que siempre tiene buenas historias que contar.

Pero las historias de Dick Taylor no son las de cualquier parroquiano de bar. El hombre de 71 años que tenemos ante nosotros montó cierta banda junto a unos tales Mick Jagger y Keith Richards allá por 1960; banda que abandonó a finales de 1962, al poco de que adoptaran el nombre Rolling Stones, para montar su propio grupo, los Pretty Things, cuya imagen y actitud hacían que los Stones parecieran hermanitas de la caridad. Durante los siguientes seis años, Taylor y los Pretty Things abanderarían el sonido sucio y subversivo del rhythm & blues británico, serían pioneros en el desarrollo de la psicodelia con temas como “Defecting Grey”, a cuyo lado “Strawberry Fields Forever” o “See Emily Play” parecían inocentes canciones de cuna, y compondrían la primera ópera rock de la historia, S.F. Sorrow, un disco cuyos surcos Pete Townshend llegaría a desgastar de tanto escucharlo. Tras abandonar la banda en 1969, Taylor tuvo un importante rol en el desarrollo del rock underground británico al producir los primeros discos de bandas como Hawkwind o Cochise.

Durante parte de la entrevista también se nos une el carismático vocalista Phil May, que siguió tirando del carro de los Pretty Things tras la marcha de Taylor, llevándoles a grabar su segunda obra maestra consecutiva, Parachute, y guiándoles a través de una década de 1970 en la que se codearon con Led Zeppelin y se convirtieron en una influencia crucial para el movimiento punk antes de su separación en 1976. Pero pese a este papel decisivo en el desarrollo del rock and roll de los últimos 50 años, los Pretty Things nunca llegaron a tener el éxito que hubieran merecido, y mientras sus contemporáneos llenan estadios noche tras noche y ganan millones, Taylor y May llevan treinta años girando en una furgoneta por salas pequeñas con el cartel de “banda de culto” a cuestas. Una circunstancia que, a la larga, probablemente haya demostrado ser un aliciente para los Pretties, que no muestran ni un ápice de la inaccesibilidad, la grandilocuencia y la arrogancia que suele caracterizar a las estrellas del rock. Resulta cuanto menos sorprendente conocer a dos tipos que, con semejante pedigrí, tengan los pies tan en el suelo y derrochen tal simpatía y afabilidad en el trato como Dick Taylor y Phil May. Damas y caballeros: The Pretty Things.

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