Phish, Halloween y el misterio del disco-prog escandinavo

No corren buenos tiempos para ser un deadhead

John Mayer hace bailes espasmódicos vestido con un pijama de cuadros al frente de lo que queda de los Grateful Dead ante una audiencia de milenials deseosa de que el ídolo pop interprete uno de sus hits en lugar de “Stella Blue” al salir de “Space”, Pull & Bear y Primark venden camisetas estampadas con el Steal Your Face, y David Lemieux se empeña en vaciar los bolsillos de los fans de la vieja guardia con una interminable sucesión de reediciones y box sets cuyo atractivo visual sólo es comparable a su precio.

Pero no todo está perdido: aún nos queda Phish.

La banda de Vermont afronta el tramo final de su trigésimo quinto año en activo (sí, aunque parezca mentira la carrera de Phish ya supera en un lustro el largo y extraño viaje de los Dead) en un estado de forma extraordinario. Si bien la gira de verano estuvo salpicada de incidentes que deslucieron la impresionante música que el cuarteto estaba desplegando noche tras noche, como el ataque racista en el Gorge Amphitheatre que se saldó con un phan negro en el hospital por una pedrada en la cabeza (vendedores de óxido nitroso con tatuajes de esvásticas en el parking lot de los conciertos de Phish – ¡Bienvenidos a la América del presidente Trump!) y la cancelación a última hora por contaminación del suministro de agua debido a las inundaciones que golpearon el estado de Nueva York de Curveball, el phestival que debía haber supuesto el colofón a un verano brillante y que sin embargo acabó con miles de fans de todas partes del mundo desesperados al descubrir, a su llegada a Watkins Glenn, que todo se había ido a pique y una ya icónica fotografía de Trey Anastasio cabizbajo sobre el escenario en el que estaba haciendo la última prueba de sonido previa al arranque del festival, nada más ser informado de la obligación de cancelar.

Pero como reza el viejo axioma Dead, “Roll away the dew”. La vida sigue, los problemas quedan atrás y la llegada del otoño siempre señala el mejor momento del año para Phish (noviembre del 94, diciembre del 95, Phish Destroys America en el 97… me entran escalofríos sólo de pensarlo). La gira arrancó el 16 de octubre en el Times Union Center de Albany y alcanzó un clímax temprano con las tres noches en el mítico Hampton Coliseum (apodado “The Mothership” en el argot Phishead) pero uno de los momentos clave de cualquier Fall Tour siempre es el show de Halloween.

Desde que Phish tuvieran la disparatada idea de aprenderse el White Album de los Beatles entero para tocarlo en el segundo set de su show del 31 de octubre de 1994 en el Glens Falls Civic Center, el “disfrazarse” de otra banda para interpretar uno de sus álbumes al completo se ha convertido en una tradición ineludible siempre que un concierto coincide con la noche de difuntos (además de una tendencia que ha sido imitada por incontables jam bands posteriores – como prácticamente todo lo que han hecho Phish) dando lugar a sets memorables, como su lectura del Remain In Light de Talking Heads en 1996 o la del clásico entre los clásicos, el stoniano Exile On Main Street, tras su triunfal regreso a los escenarios en 2009. Una de las actividades favoritas de los phans en los días previos a un show de Halloween es conjeturar acerca de qué LP habrá elegido versionar la banda en esta ocasión y este año las predicciones iban desde lo plausible (Moving Pictures de RushGraceland de Paul Simon) a lo sorprendente (The Days of Wine and Roses de Dream Syndicate, Crazy Rhythms de los Feelies) y lo directamente surrealista (The Number of the Beast de Iron Maiden) pero ni las quinielas más osadas podían anticipar la jugada que el Anastasio, Fishman, Gordon y McConnell tenían preparada.

A su llegada al MGM Grand Arena de Las Vegas los afortunados asistentes al concierto recibían un folleto informativo que, para su incredulidad, explicaba que el álbum seleccionado en esta ocasión era I Rokk, del grupo escandinavo de rock progresivo Kasvot Växt. El Phishbillque además anunciaba la próxima publicación del box set Every Goddamn Note, que recopila cada nota que Phish han interpretado jamás, desde el recital de clarinete de Mike Gordon en sexto curso hasta los ritmos que Jon Fishman golpea sobre el salpicadero de su coche mientras está parado en un atasco, en 4533 cds al módico precio de 12,999 dólares, intentaba arrojar algo de luz sobre la misteriosa elección.

Al parecer, Kasvot Växt fue un cuarteto formado por dos noruegos y dos finlandeses que se conocieron a finales de la década de los setenta mientras participaban en un misterioso experimento gubernamental en Groenlandia. Editaron su único disco, el citado I Rokk, en el que mezclaban querencias progresivas con extraños sonidos de sintetizadores y los ritmos disco tan en boga en la época, en un oscuro sello noruego, Elektrisk Tung, en 1981. Poco después, la discográfica se iba a pique cuando su fundador, Frode Hogset, se unió a la iglesia luterana y decidió arrojar la mayoría de LPs que no habían sido distribuidos a un fiordo. Por si fuera poco, las copias que se libraron de la ira religiosa de Hogset se quemaron en el incendio de un almacén en 1983. Cualquier posibilidad de un segundo disco se vio oscurecida cuando Cleif Järvinen, uno de los miembros de la banda, fue diagnosticado con una enfermedad mental que le obligó a alejarse de la música.

Sin embargo, de algún misterioso modo, una copia llegó hasta las manos de Mike Gordon mientras los miembros de Phish estudiaban en Goddard College a principios de los ochenta. Impresionado, el bajista lo grabó en una cinta y I Rokk se convirtió en uno de los discos de cabecera de la banda, que por entonces daba sus primeros pasos en el área de Vermont. En declaraciones reproducidas en el Phisbill, Trey Anastasio aseguraba: “Siempre que empezamos a hablar de qué álbum versionar en Halloween, sale el nombre de Kasvot Växt” y Gordon añadía: “Hemos rendido tributo a muchas bandas legendarias a lo largo de los años, y esta vez parecía una buena ocasión para hacer algo que es icónico para nosotros pero mucha gente no conoce”. El folleto también explicaba la dificultad que había supuesto traducir las letras del LP. Para la tarea, la banda contrató a un filólogo nórdico, Glav Guttormson, quien tras un día desentrañando el contenido de las canciones, originalmente cantadas en una mezcla de noruego, finés e islandés que a menudo cambia de idioma en medio de una estrofa, les mandó las transcripciones en inglés para alivio de Anastasio que declaró: “Necesitaba asegurarme de que no estábamos cantando acerca de torturar animales o algo así”. El teclista Page McConnell cerraba la nota informativa afirmando: “Me encanta el misterio que ha rodeado todo este proceso. Si los miembros de Kasvot Växt se enteran de que hemos hecho esto, espero que les resulte excitante porque nuestra intención es rendirles tributo”.

Antes siquiera de que Phish salieran al escenario del MGM para interpretar el misterioso disco en el segundo set de la noche, varias webs ya se habían hecho eco de la sorprendente elección de la banda para el “musical costume” de este Halloween, e incluso había quien se declaraba fan de Kasvot Växt a través de las redes sociales. Pero según la noche fue avanzando las suspicacias fueron creciendo, y cuando finalmente la cortina se abrió para el segundo pase y reveló a los miembros de la banda ataviados totalmente de blanco, con instrumentos del mismo color y unos extraños cubos luminosos colgando del techo en una puesta en escena que parecía una versión en ácido de una final del festival de Eurovisión y las primeras notas de “Turtle in the Clouds” empezaron a sonar, con Anastasio desprovisto de su inseparable guitarra y tocando en su lugar un sintetizador, lo evidente se hizo palpable: Phish eran Kasvot Växt; la banda le había gastado una broma de Halloween a todos sus seguidores. “Never trust a prankster!”

No era la primera vez que Phish se salían de sus propios parámetros en un show de Halloween, como cuando estrenaron un disco nuevo al completo en el de 2013 (Wingsuitque después acabaría siendo Fuego, su duodécimo trabajo de estudio editado en 2014) pero esta vez se habían superado. Para hacer la historia de Kasvot Växt más plausible, los días anteriores la banda había ido subiendo información acerca del supuesto cuarteto escandinavo a internet sin hacer el más mínimo ruido: crearon un perfil en Allmusic, incluyendo una reseña de I Rokk firmada por Stephen Thomas Erlewine; subieron un artículo acerca del disco a la web de la emisora WMFU (supuestamente datado de enero de 2005) y hasta colgaron una entrevista realizada en 2006 con uno de los miembros de Kasvot Växt, Georg Guomundrson, en Perfect Sound Forever.

A la salida del MGM Grand Arena no había ningún phan indiferente. Algunos aseguraban que había sido el set de Phish más divertido en años, otros ponían el grito en el cielo (“¡Yo quería escuchar Graceland!”) y la mayoría no podían contener la sonrisa, mezcla de sonrojo porque habían caído en la trampa, admiración ante el trabajo que la banda había invertido en preparar este concierto (con lo fácil que hubiera sido sacarse The Number of the Beast) y ese inexplicable sentimiento de felicidad que otorga ser consciente de que eres seguidor de una de las bandas que más (si no la que más) se emplea en sorprender a sus fans y hacer que cada concierto siga siendo una experiencia totalmente única después de 35 años. Uno no puede dejar de quitarse el sombrero ante cuatro tipos que, cerca ya de los sesenta años, siguen teniendo la ilusión y la creatividad para, con tan solo un mes y medio libre entre el final de su gira de verano y el comienzo de la de otoño, componer un disco entero en un estilo muy distinto al suyo, preparar un espectáculo visual para acompañar su interpretación (completo con escenario, instrumentos, luces y hasta coreografías entre Trey y Mike), ensayarlo en medio de un calendario de conciertos muy intenso y encima crear toda una historia basada en la música y propagarla por internet para que la broma cuele. No me queda mucho más que añadir aparte de que somos muy afortunados de estar vivos al mismo tiempo que Phish.

Pero… ¿y qué hay de la música? ¿Cumplió I Rokk las expectativas creadas por otros sets de Halloween pasados? La mejor respuesta es que cada uno lo escuche y decida por sí mismo. A continuación tenéis un enlace, cortesía del imprescindible blog The Curtain With, en el que podéis descargar el show de Halloween completo – no sólo el segundo set de Kasvot Växt sino también los otros dos de la noche, que incluyeron momentos impresionantes como el “Halley’s Comet > Ocelot > Theme from the Bottom” del primer set, un tremendo “Set Your Soul Free” para abrir el tercero y un furioso “Run Like an Anthelope” para cerrar la noche antes del bis con “Loving Cup > Tweezer Reprise”.

Faceplant into rock!

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