Bootleg – Tom Petty & The Heartbreakers, Fillmore East, San Francisco (7/2/1997)

Han pasado ya más de tres días desde que la inesperada noticia de la muerte de Tom Petty cayó como un jarro de agua fría sobre todos los que amamos el rock and roll y aún sigue siendo difícil asimilarla; imaginar que desde el lunes vivimos en un mundo distinto, un mundo en el que, en los malos momentos, ya no nos quedará la reconfortante certeza de que Tom está ahí fuera, componiendo una nueva canción con una guitarra acústica, brillando sobre un escenario ante miles de personas o trazando planes para grabar un nuevo disco.

No es que Petty nos dejara en la cumbre de su carrera, sino que sus 40 años de trayectoria pueden verse como una cumbre constante. Desde su primer disco de 1976 hasta álbumes recientes tan notables como Mojo o Hypnotic Eye, pasando por el éxito masivo con Damn The Torpedoes, la espléndida reinvención de Full Moon Fever en los ochenta o las obras maestras de desgarradora introspección que grabó en los noventa como Wildflowers Echo, es difícil encontrar un capítulo menor en su discografía. Tom Petty nunca tuvo momentos bajos, períodos sonrojantes que incluso sus mayores fans prefieren obviar, como es el caso de Springsteen, Dylan o Young, sino que su obra se caracterizó por una consistencia prácticamente sobrehumana, demostrando una y otra vez su incansable ambición por mantener sus principios intactos y no venderse a ningún postor. Incluso jugando desde la comercialidad más absoluta, Petty mantuvo la tozudez de ser él mismo, de dar el 200 por ciento en cada disco, en cada concierto, en cada canción, algo que puede decirse de muy pocos interpretes de su envergadura; y todo indica que, de no haber sucumbido a un paro cardíaco ese ya fatídico 2 de octubre de 2017, hubiera continuado por esa senda muchos años más, lo cual hace su marcha mucho más dolorosa para los que contamos su música como una parte esencial de la banda sonora de nuestras vidas.

Podríamos recordar cientos de anécdotas para ilustrar el irrepetible carácter de Petty, desde su batalla legal contra la todopoderosa MCA por poder tomar sus propias decisiones en 1979, cuando simplemente era un chaval del norte de Florida que había tenido un éxito moderado con sus dos primeros discos, hasta aquella vez que salió al escenario para despedir a los Replacements como teloneros de su gira en pleno concierto, harto de que salieran a actuar borrachos cada noche, lo cual consideraba una falta de respeto hacia el público. Podríamos evocar cómo, pese a las presiones que recibió al firmar sus primeros contratos discográficos, se negó a ser un artista en solitario que cada vez grababa con músicos de sesión distintos y luchó por poder tener el grupo que él quería a su lado, lo que devino en la formación de una de las bandas con más clase, talento y poderío de la historia del rock: los Heartbreakers; o quizá aquella ocasión en que, después de grabar Hard Promises en 1981, se enteró de que MCA planeaba subir un dolar el precio de los discos de sus artistas más exitosos y se negó a entregarle el máster a la compañía hasta que no retiraran la inciativa (lo consiguió, por su puesto). ¿Y qué hay del respeto y admiración que le profesaban compañeros de profesión que habían sido sus ídolos de niño como George Harrison, Roger McGuinn, Del Shannon o el propio Bob Dylan?

Podríamos pasarnos el día entero rememorando aspectos de Tom que le hacían único, pero no por ello su pérdida resultaría menos dolorosa. El único consuelo posible es volver a pinchar uno de sus discos (cualquiera valdrá – son todos maravillosos) o sumergirnos en alguno de los monumentales conciertos de los Heartbreakers en cualquiera de sus épocas y pensar en la enorme suerte que tenemos de vivir en un mundo en el que una vez hubo un tipo que se llamó Tom Petty.

Aquí tenéis uno de esos espectaculares directos de Petty y los Heartbreakers: un catártico concierto de más de tres horas registrado el 7 de febrero de 1997 en el mítico Fillmore de San Francisco en el que la banda repasa clásicos como “American Girl”, “Free Fallin'” o “Mary Jane’s Last Dance”, presenta apabullantes temas de por entonces reciente factura como “It’s Good To Be King” o “Angel Dream” y se divierte interpretando versiones que van desde “Time Is On My Side” hasta “Green Onions” o “Slaughter On 10th Avenue”. Para rematar, el legendario John Lee Hooker sale al escenario para interpretar un pequeño set de grasiento blues eléctrico junto a los Heartbreakers. Impagable.

Disfruten.

Thomas Earl Petty (1950-2017)

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