Top 5 – John Abercrombie

El pasado martes un paro cardíaco acabó con la vida de John Abercrombie a la edad de 72 años. Aunque puede que su nombre no sea tan conocido como los de John McLaughlin o el también recientemente fallecido Larry Coryell, Abercrombie fue uno de los guitarristas de jazz más importantes de los años sesenta y setenta, protagonista clave de la apertura del género a sonoridades procedentes del lenguaje del rock que blandió el mástil de su Gibson en la primera línea de fuego junto a algunas de las figuras más prominentes del jazz rock.

Como es habitual entre la gran mayoría de instrumentistas de jazz, Abercrombie siguió tocando y grabando hasta una edad muy avanzada y de hecho su último disco de estudio, Up and Coming, grabado junto a Marc Copland, Drew Gress y Joey Baron, data de este mismo 2017. Su producción posterior a los setenta está salpicada de trabajos muy variopintos e interesantes, desde experimentos con guitarras sintetizadas en Current Events de 1987 hasta colaboraciones con el gran saxofonista Charles Lloyd en los albores del siglo XXI,  pero en esta lista nos vamos a centrar en cinco trabajos que datan de la época 1970-1975 y que ponen de manifiesto el papel clave que el guitarrista jugó en aquella fascinante época de libertad musical sin precedentes que fue la primera era del jazz fusión.

1. Dreams – Dreams (Columbia, 1970)

John Abercrombie nació en Port Chester, Nueva York, el 16 de diciembre de 1946. Empezó a tocar la guitarra a los 14 años imitando licks de Chuck Berry, pero fue cuando descubrió al guitarrista de jazz Barney Kessel que decidió que quería dedicarse a la música en serio. Entre 1962 y 1966, Abercrombie estudió en el afamado Berklee College of Music de Boston y allí, en las legendarias jam sessions de estudiantes hasta altas horas en el club Paul’s Mall, conoció al organista Johnny Hammond Smith, que le ofrecería su primer gran empleo como guitarrista de gira en su banda, así como a los jóvenes hermanos Brecker, Randy, trompetista, y Michael, saxofonista, con los que colaboraría muy estrechamente en los años posteriores.

Tras completar sus estudios, John se instaló en Nueva York en 1969 y empezó a buscar trabajo como músico de sesión. Fue allí donde volvió a coincidir con los hermanos Brecker, que le invitaron a unirse a su nueva banda, Dreams, en la que también militaba un impresionante batería panameño que respondía al nombre de Billy Cobham. Durante su corta trayectoria, Dreams compartieron escenario con algunos de los nombres más populares del rock de la época, como los Doobie Brothers, lo que les convirtió en uno de los responsables de introducir el por entonces minoritario sonido del jazz al gran público del rock de principios de los setenta. Fueron uno de los primeros grupos de jazz fusión y lanzadera de algunos de los músicos más importantes del género, pero pese a ello los líderes y principales compositores de la banda eran el bajista Doug Lubahn, que provenía de los psicodélicos Clear Light y tocó el bajo en varios LP’s de los Doors, y el cantante Jeff Kent, cuyas principales influencias provenían de la música soul, con lo que a la hora de la verdad el sonido plasmado en este primer disco tiene más en común con el brass-rock de Chicago o Blood, Sweet & Tears que con la furia ensordecedora de la Mahavishnu Orchestra. Un disco agradable que sin embargo funciona mejor como curiosidad para documentar los primeros pasos de algunos de los grandes nombres del jazz rock que otra cosa.

2. The Stark Reality – Discovers Hoagy Carmichael’s Music Shop (AJP, 1970)

Entre la grabación del debut de Dreams y su segundo y último álbum, Imagine My Surprise de 1971, que pese a estar producido por Steve Cropper (o quizá debido precisamente a ello) subraya los elementos soul de la banda aún más que el primero, Abercrombie participó en este LP que sin duda debe ser uno de los discos más bizarros de la historia de la música. The Stark Reality fue un quinteto liderado por el vibrafonista Monty Stark y formado por exalumnos de Berklee (además de Abercrombie en sus filas figuraban el saxofonista Carl Atkins, el bajista Phil Morrison y el batería Vinnie Johnson) que en 1970 grabó una serie de versiones psicodélicas y con amplio espacio para la improvisación de viejas canciones infantiles de Hoagy Carmichael (un reconocido compositor norteamericano, autor de clásicos como “Stardust” o “Georgia On My Mind”) para un programa infantil de la cadena televisiva PBS titulado Hoagy Carmichael’s Music Shop.

El programa, con la aparición de un Carmichael de setenta años que parecía no entender nada de lo que aquellos melenudos habían hecho con sus canciones, pasó sin pena ni gloria, y el doble LP con la banda sonora se editó a través del pequeño sello AJP sin ningún tipo de repercusión. Sin embargo, con el paso de los años, los coleccionistas de psicodelia, siempre a la caza de joyas ocultas en el túnel del tiempo, empezaron a descubrir que este extraño disco de canciones para niños en clave de jazz-rock escondía en sus surcos algunos de los pasajes más lisérgicos y surrealistas de su época, con el distorsionado sonido del vibráfono de Stark compitiendo con los punteos de Abercrombie por espacio en la mezcla mientras la base rítmica aporrea sin piedad y Stark recita letras que hablan del viejo reloj de su abuelo o los placeres de montar en un tiovivo y explica a su joven audiencia los nombres de las notas musicales y que septiembre tiene 30 días. Un disco totalmente único en su especie, que a primera vista puede parecer ridículo pero que a buen seguro provocó un puñado considerable de malos viajes de ácido a principios de los setenta.

3. Rava – Katcharpari (BASF, 1973)

Tras la disolución de Dreams en 1971, John Abercrombie volvió a su trabajo como músico de sesión, participando en varias sesiones de Barry Miles o Gato Barbieri, como la que resultaría en el tremendo Under Fire junto a Stanley Clarke, Lonnie Liston Smith y Airto Moreira. Sería precisamente a través de Barbieri, que había pasado un tiempo en Italia a principios de los años sesenta, que John conocería a Enrico Rava, un trompetista italiano que se había trasladado a Nueva York en 1967 y que, a lo largo de la década siguiente, grabaría varios discos para el sello ECM.

Antes de que ECM puliera las aristas de su sonido, Rava plasmó toda su desbocada energía este Katcharpari acompañado de Abercrombie a la guitarra, Bruce Johnson al bajo y Chip White a la batería. La pequeña banda unida a los violentos arrebatos del trompetista traen a la cabeza el sonido del Miles Davis de principios de los setenta, especialmente en A Tribute to Jack Johnson, aunque con una serie de aires mediterráneos que aportan un toque exótico y único al disco. Desde el lisérgico vals de la inicial “Bunny’s Pie” a la suave melodía onírica del tema título, los angulares aullidos de la trompeta de Rava en “Peace” o las enrevesados diálogos entre el italiano y Abercrombie en extensas exploraciones de musculoso jazz funk psicodélico como “Dimenticare Stanca”, este álbum es una auténtica delicia para los amantes del jazz fusión primigenio. La guinda del pastel es la preciosa portada de Ariel Soulé, que emparenta el disco con clásicos del rock progresivo italiano de la época como Storia Di Un Minuto de los geniales Premiata Forneria Marconi.

4. John Abercrombie, Dave Holland & Jack DeJohnette – Gateway (ECM, 1975)

En 1973 Manfred Eicher invitó a Abercrombie a formar parte de la nómina de su sello ECM, sinónimo de toda una manera de entender y comercializar el jazz. El guitarrista aceptó y en 1974 publicó su primer trabajo como líder, Timeless, en el que la batería del gran Jack DeJohnette sirve como lienzo sobre el que la guitarra de John y los teclados del Mahavishnu Jan Hammer pintan abstractos trazos futuristas de furia expresionista. En los años inmediatamente posteriores, además de discos a su nombre y un dueto con Ralph Towner, Abercrombie participaría en multitud de sesiones de otros artistas para ECM, que darían como resultado los irregulares discos de DeJohnette como líder o el impresionante y escandalosamente infravalorado Lookout Farm de Dave Liebman, grabado en 1973, mientras el saxofonista formaba parte de la tribu intergaláctica de Miles Davis.

Sin embargo, si tuviera que quedarme con uno solo de los discos de Abercrombie para ECM sin duda sería con este Gateway, testamento sónico de la comunicación telepática entre John, DeJohnette y el gran Dave Holland. A lo largo de cinco intensas jams (más un interludio a cargo de Holland) los tres músicos trasladan conceptos de armonía e improvisación propios del jazz al contexto del power trío de rock y el resultado es abrumador. Solo hace falta escuchar la incial “Back-Woods Song”, con el contrabajo de Holland abriendo múltiples portales hacia otras dimensiones mientras DeJohnette traza un baile ritual a partes iguales suave y violento alrededor de los laberínticos arpegios de Abercrombie, para caer rendido ante el poderío de estos tres genios. Es una música oscura y desafiante pero al mismo tiempo tremendamente cálida y reconfortante, como un paseo descalzo bajo la purificadora lluvia en una pradera como la de la portada.

5. Billy Cobham – Shabazz (Atlantic, 1975)

Desde que sus caminos se separasen allá por 1971, mientras John se concentraba sobre todo en su trabajo de estudio, Billy Cobham se había convertido en una de las grandes estrellas de principios de los setenta, elevando el jazz-fusión a las dimensiones del rock de estadio con la legendaria primera encarnación de la Mahavishnu Orchestra, que, propulsada por los mercuriales arrebatos de heavy metal hindú de la guitarra de John McLaughlin y el ensordecedor pulso de Cobham, se convirtió en una de las bandas más populares de su tiempo, infaltables en el plato de discos de cualquier adolescente fumeta de principios de los setenta que se preciase junto a Led Zeppelin o Black Sabbath. Sin embargo, en 1974 y tras tan solo dos discos de estudio, McLaughlin decidió disolver el grupo por la insoportable lucha de egos en su seno.

Para sorpresa de muchos, el primer miembro de Mahavishnu en conseguir un gran éxito al margen de la banda no fue McLaughlin sino Cobham, que vio cómo su primer LP como líder, el clásico Spectrum, se propulsaba a lo más alto del Billboard a finales de 1973. El álbum había sido grabado con músicos que iban desde Jan Hammer hasta el futuro guitarrista de Deep Purple Tommy Bolin, pero para sacar Spectrum a la carretera Cobham decidió formar una banda más sólida y para ello llamó a sus viejos amigos Abercrombie y los hermanos Brecker. Entre 1973 y 1975 (cuando Abercrombie sería reemplazado por John Scofield como el guitarrista de preferencia de Cobham) esta banda grabó tres LP’s, los sobresalientes Crosswinds y Total Eclipse y este Shabazz, registrado en directo en Europa en el verano de 1974. Lo único que puede achacársele a Shabazz es que no sea un LP doble que pudiera competir con los grandes dobles directos de la época y es que, con tan solo cuatro canciones, lo cierto es que se queda bastante corto. Pero cuando esos cuatro temas incluyen las incendiarias versiones actualizadas de “Taurian Matador” y “Red Baron” (para mí superiores a sus referentes de estudio en Spectrum gracias al estilo más concentrado y menos pirotécnico de Abercrombie y el impresionante muro de sonido de la sección de vientos) o la apoteósica jam de “Tenth Pinn”, con uno de esos solos de batería de Billy que hacían retumbar un estadio entero, cualquier queja pasa a un segundo plano. Un brutal testimonio de un breve pero intenso período en el que el jazz más ensordecedor dominó el mundo.

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