Uther Pendragon – San Francisco Earthquake (1966-1975)

GUESSCD059 UTHER booklet

Guerssen es uno de los sellos dedicados a las reediciones en vinilo más interesantes de la actualidad. Afincados en Lleida, Guerssen y sus subsellos Out-Sider, Sommor, Got Kinda Lost y Pharaway Sounds son los responsables de que a día de hoy podamos disfrutar de lujosas ediciones de clásicos de la psicodelia underground que hace años los coleccionistas tan solo hubiéramos soñado con poseer en buena calidad de sonido y con una cuidadísima presentación sin tener que hipotecarnos pujando por una copia original.

Hablo de discos tan capitales como Sundance de Mountain Bus, el mítico debut de July o los dos LP’s de Wicked Lady. Pero a Guerssen también le debemos el haber descubierto un extenso listado de artistas que en su época pasaron desapercibidos hasta para los cronistas más concienzudos y que ahora, gracias a la impecable labor del sello, pueden gozar de una nueva vida. Así, a través de su catálogo en constante aumento hemos podido acceder a maravillas perdidas en el túnel del tiempo como las grabaciones de Ray McKay Pierle y Athanor, The Visitation de Chirco o el indescriptible Auralgraphic Entertainment de Dreamies. A esa lista de descubrimientos ahora también tenemos que añadir a Uther Pendragon.

La California de mediados de los sesenta fue uno de los lugares más fértiles de toda la historia del rock. Concretamente la zona de la bahía de San Francisco fue testigo de una escena fascinante, en la que la innovación musical se dio la mano con la experimentación extrasensorial y la conciencia político-social para provocar una explosión de creatividad sin precedentes cuyos ecos aún resuenan en la actualidad. Fueron tantas las bandas que surgieron de semejante caldo de cultivo que por cada gigante como Grateful Dead, Jefferson Airplane o Moby Grape existen docenas de Kak, Mad River o Savage Resurrection; grupos que tan solo llegaron a editar uno o dos álbumes antes de desvanecerse en la más absoluta oscuridad. Al mismo tiempo, por cada uno de estos nombres recordados únicamente por los arqueólogos del sonido de la Costa Oeste existen infinidad de bandas como Crystal Syphon, Joshua o Country Weather, que ni siquiera llegaron a editar ningún disco en vida. Nombres que aparecen al pie de los emblemáticos carteles psicodélicos que anunciaban conciertos en locales como el Fillmore o el Avalon y cuyas grabaciones han acabado saliendo a la luz décadas después gracias a la labor de sellos especializados empeñados en rastrear hasta el último acople de guitarras lisérgicas registrado en la época.

Un escalón más allá del más desconocido de todos esos grupos se sitúan Uther Pendragon, un cuarteto que estuvo activo en la zona de la Bahía durante más de una década y que, sin embargo, ha eludido todas las crónicas de la época como si de un conjunto fantasma se tratase. Nunca llegaron a editar siquiera un single y su logo no aparece ni en los caracteres más diminutos de un cartel, pero pese a ello Uther Pendragon siempre estuvieron allí. Testigos activos de toda la historia de la psicodelia, desde que la experimentación con el LSD empezó a añadir un matiz distinto a los conjuntos de garage que imitaban los sonidos de la British Invasion, pasando por la explosión de la escena del Haight-Asbury, el asesinato público del ideal hippie a manos de Charles Manson y la catástrofe de Altamont, el advenimiento del rock de raíces y el hard rock y la destrucción final de todo ello a manos del punk, de alguna manera Uther Pendragon consiguieron vivir toda esta convulsa época en primera persona sin figurar ni en el más meticuloso listado de bandas del San Francisco psicodélico.

Ahora, casi 40 años después de su separación, Guerssen hace justicia con estos grandes tapados del rock psicodélico con la edición de San Francisco Earthquake, un triple LP (también disponible en doble cd) con ni más ni menos que 24 canciones originales registradas entre 1966 y 1975 que demuestran que, pese a verse relegados al más cruel de los olvidos, Uther Pendragon podían mirar de tú a tú a muchos de sus contemporáneos sin despeinarse. La edición también incluye un extenso libreto en el que Mike Stax, fundador de la revista Ugly Things, repasa la historia del grupo.

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Uther Pendragon en directo a principios de los setenta (Fuente: It’s Psychedelic Baby Magazine)

Los orígenes de Uther Pendragon se remontan a 1966 en la ciudad de San Carlos (a medio camino entre San Francisco y San José) con la formación el grupo de garage adolescente The Blue Fever, donde coincidieron por primera Mark Lightcap (guitarra rítmica y voz), Bruce Marelich (guitarra solista y voz) y Martin Espinosa (bajo y voz). A lo largo de los años, el conjunto atravesaría numerosos cambios, incluyendo un sorprendente desfile de nombres que les llevaría a ser conocidos en distintos momentos como Timne, Hodological Mandala, Kodiac o JustUs, pero estos tres músicos formarían el núcleo principal de la banda durante más de una década. No sería hasta principios de los setenta, coincidiendo con la incorporación del que acabó siendo su baterista más longevo, Mike Beers, que adoptarían definitivamente el nombre del padre del Rey Arturo: Uther Pendragon.

Quizá esta sucesión de distintos nombres tuviera algo que ver con la falta de proyección del grupo, pero repasando su historia no cabe duda de que también hubo un claro componente de mala suerte, y es que Uther Pendragon no vivieron precisamente en una burbuja. A lo largo de los años el cuarteto ganó una de las clásicas Batallas de las Bandas que se organizaban en la zona de San Francisco, abrieron conciertos para Country Joe & The Fish, grabaron un single con gran potencial en 1967 que sin embargo no se llegó a editar, tuvieron como mánager al célebre Craig R. Pedersen (Tripsichord Music Box) que planeó una suerte de ópera rock sobre ocultismo titulada Sabbat para la que Uther Pendragon hubieran proporcionado la música pero que nunca llegó a llevarse a cabo, e incluso registraron un EP en los míticos Pacific Sound Recording Studios de San Mateo mientras Santana grababan en el estudio contiguo.

Entonces, ¿qué salió mal? Probablemente no exista una respuesta clara para explicarlo, pero al menos podemos congratularnos de que, aunque haya habido que esperar varias décadas, finalmente Guerssen recupere el legado de Uther Pendragon. Un legado que además es sorprendentemente extenso, y es que las 24 canciones que aparecen en San Francisco Earthquake son tan solo un pequeño muestrario de los más de 80 temas originales que el grupo llegó a componer y grabar (muchos de ellos en su propio estudio casero en Palo Alto); una imponente proliferación creativa que probablemente se deba al hecho de que el cuarteto lideraba una vida comunal. Al parecer sus miembros se consideraban más una familia que un grupo de música, lo compartían todo y ensayaban 7 días a la semana. Esto se deja notar en la música atesorada en los surcos de este triple LP que, pese al inevitable carácter low-fi de algunas grabaciones, no suena para nada como una colección de demos registrados por un grupo amateur, sino que muestra a una banda tremendamente compenetrada, con instrumentistas de un altísimo nivel, trabajadas armonías vocales y composiciones que, de haber tenido más suerte, quizá hoy se contarían entre los grandes clásicos underground del sonido Costa Oeste.

La música de Uther Pendragon evolucionó de manera paralela a la de muchos de sus contemporáneos, arrancando como un furioso grupo de garage cuyos infecciosos himnos de 3 minutos no hubieran desentonado en el listado de temas de Nuggets para después adoptar el sonido más oscuro y caleidoscópico que caracterizó la era dorada de la psicodelia de San Francisco y, finalmente, endurecer su música para aproximarse al hard rock ácido de Marshalls con las válvulas al rojo vivo, baterías frenéticas y reminiscencias blueseras que proliferó a lo largo de la primera mitad de los setenta.

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Imagen promocional de la banda antes de que incorporaran el “Uther” a su nombre

Personalmente considero un gran acierto de Guerssen el no haberse ceñido a un criterio cronológico para determinar la secuencia del recopilatorio, lo que hace que la escucha sea mucho más amena e imprevisible. Un buen ejemplo de esto es cómo la colección se inicia con la épica avalancha de guitarras distorsionadas de “You’re A Human Now”, registrada en 1974, para inmediatamente cambiar de tercio y trasladarnos de lleno a los coloridos Ballrooms del San Francisco hippie con “Side Of The Dawn” de 1969, antes de volver a avanzar hasta 1975 para visitar las sinuosas curvas e impecables arreglos vocales “Who’s Gonna Try”. De esta manera, cada canción nos hace doblar una esquina distinta para conducirnos a través de diferentes épocas, registros y estilos, poniendo de manifiesto las muchas facetas y talentos de Uther Pendragon.

Por destacar un par de temas me quedaría con la expansiva “10 Miles To Freedom”, una laberíntica excursión de más de 10 minutos que culmina con un apoteósico freakout de pirotecnia guitarrística registrada en los Pacific Sound en 1969; y con la majestuosa “Spanish Fly” de 1975, que arranca con atmosféricos punteos prácticamente flamencos para desembocar en un hipnótico mantra de envolventes guitarras de aspiración intergaláctica. Aun así, cada una de las 24 canciones que conforman este San Francisco Earthquake contiene suficientes melodías memorables, pasajes instrumentales apabullantes y cambios inesperados para dejar a cualquier amante de la psicodelia más abrasiva y expansiva con la boca abierta durante varios días.

Han tenido que pasar casi 40 años, pero gracias a Guerssen finalmente se ha hecho justicia con Uther Pendragon.

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