The Grateful Dead – Shake’s Picks 9: Holleder Memorial Stadium, Rochester, New York, 9/1/1979

Front Right

Bienvenidos a la novena entrega de Shake’s Picks. En el anterior volumen compartimos una excelsa versión de “Dark Star” registrada el 3 de agosto de 1969 en el Family Dog de San Francisco y este mes vamos a viajar 10 años adelante en el tiempo para visitar un tiempo que a menudo se pasa por alto al hablar de las mejores épocas de los Grateful Dead pero que sin embargo atesora innumerables conciertos brillantes. Abrochaos los cinturones porque estamos a punto de aterrizar en el Holleder Memorial Stadium de Rochester el 1 de septiembre de 1979 para escuchar una de las mejores versiones de “Scarlet Begonias > Fire On The Mountain” que oiréis jamás.

Cuando empecé a zambullirme en el enorme legado de grabaciones en directo de los Grateful Dead hace unos años, una de las herramientas más útiles que me ayudaron a abrirme camino a través del aparentemente interminable flujo de conciertos de la banda fue la Grateful Dead Listening Guide. Sus reseñas y podcasts cuidadosamente escogidos y brillantemente anotados fueron un punto de partida inmejorable para ahondar en determinados años y estilos, y a día de hoy sigo usando la página web como una de mis principales guías de referencia para descubrir nuevos shows. Algunos de mis Shake’s Picks han sido extraídos de conciertos que conocí a través de la Listening Guide (por ejemplo el “Dark Star > Comes A Time” del 26 de julio de 1972 en el séptimo volumen o la jam a partir de “Truckin'” del 12 de mayo de 1974 en el quinto) y el colorido estilo de su autor para describir la música de los Dead con palabras es una de mis mayores inspiraciones a la hora de escribir mis propios textos.

Algo que he desarrollado tras años visitando la web es una debilidad por los “Audience Recordings”; esto es, conciertos grabados por un miembro del público en lugar de utilizando la señal de la consola de mezclas. Los AUD son claramente más difíciles de escuchar que los Soundboards y se necesita tiempo para acostumbrarse a su sonido más crudo, pero una vez lo consigues se hace obvio que una buena grabación de audiencia, con todas sus aristas sin pulir, transmite una mejor idea de cómo la banda sonaba en directo que una grabación de mesa limpia y nítida. Además, te ofrece la posibilidad de escuchar las impagables conversaciones de los deadheads entre temas y durante algunas jams. Un AUD de calidad y un buen par de cascos son la experiencia más parecida a asistir a un concierto de los Grateful Dead de la época que puede tenerse en 2015.

Algunos de los mejores conciertos de los Dead ni siquiera existen en formato Soundboard; entre ellos muchos pertenecientes a uno de sus años más brillantes: 1970, una época en la que su principal ingeniero de sonido Owsley Stanley estaba en la cárcel por posesión de drogas y por tanto no podía grabar a la banda desde la mesa de mezclas. Eso es lo que me hizo empezar a indagar en grabaciones de AUD en primer lugar y, con el tiempo, he acabado prefiriendo las grabaciones desde el público de algunos de los shows más legendarios de la banda a sus equivalentes de mesa de mezclas mucho más populares. Me vienen a la cabeza la prueba de sonido en Watkins Glen del 27 de julio de 1973, el show del 6 de agosto de 1974 en Roosevelt Stadium (el SBD está editado oficialmente como Dick’s Picks 31), el del 28 de septiembre de 1976 en Siracusa (SBD disponible como Dick’s Pickls 22), o incluso el famosísimo concierto de Cornell en el 77. Este show de del 1 de septiembre de 1979 en el Holleder Memorial Stadium de Rochester, Nueva York, es otro ejemplo de una electrizante grabación hecha desde el público que descubrí a través de la Listening Guide y que ofrece mucho más que una grabación cristalina pero plana de mesa.

1979 fue una época de transición para los Grateful Dead. A principios de año el pianista Keith Godchaux y su mujer, la corista Donna Jean, que habían sido componentes esenciales del sonido de la banda desde 1971, fueron expulsados y reemplazados por Brent Mydland. Los teclados y la voz de Brent se convertirían en una de las señas de identidad del sonido de los Dead en la siguiente década; algo que no siempre supondría una ventaja. Mydland era un gran músico pero, en contraste con el sonido jazzístico y pulcro del piano de Keith (siempre se ha especulado con el hecho de que la negativa de Godchaux de cambiar el piano por un teclado eléctrico fue una de las razones por las cuales Jerry García decidió prescindir de él), sus teclados y sintetizadores a menudo simbolizaron los peores excesos asociados a los ochenta, por no hablar de su mediocre faceta como compositor. Pero pese a ello, es innegable que la llegada de Brent en 1979 inyectó energías frescas a una banda que había estado tocando con el piloto automático puesto durante los últimos meses con los Godchaux. Especialmente Jerry García, cuya dependencia de la heroína había empezado a hacerse notar en los conciertos de la segunda mitad de 1978, pareció rejuvenecer gracias a su incorporación, descubriendo un interés renovado en la música de los Dead que propulsó a la banda hacia nuevas e impresionantes cimas.

Este “Scarlet Begonias > Fire On The Mountain” es un ejemplo perfecto de ese acercamiento fresco y enérgico que los conciertos de la banda exhibían en 1979. Sin lugar a dudas la “feelgood jam” por excelencia del repertorio de los Grateful Dead, este “Scarlet > Fire” va más allá de cualquier expectativa y abre espacios de belleza improvisativa totalmente únicos.

Bob Weir dedica el segundo set “a todos los pequeños ratones y ratas atrapados en laboratorios a lo largo del mundo” y el sexteto sale despedido hacia un “Scarlet Begonias” que se contonea suavemente liderado por la dulce interacción entre los dos guitarristas. El público responde a cada estrofa con estruendosos estallidos de júbilo mientras García pinta el retrato de esa singular damisela que no es como el resto de las chicas. Brent aporta unos coros perfectos, Phil Lesh baila jovialmente a través del mástil de su bajo y la guitarra de Jerry arroja líneas melódicas que brillan como esquirlas de cálida luz veraniega sobre el auditorio. El cielo se torna amarillo mientras el sol luce azul y, lentamente, los Dead nos guían hasta un lugar en el que los desconocidos se paran por la calle solamente para estrecharse la mano.

La jam se abre lentamente con Phil aportando un juguetón contrapunto a los dibujos de Jerry mientras Brent deconstruye el riff principal con texturas siderales de órgano. Bobby aporta sutiles toques de slide y los baterías empiezan a remontar la cadencia poco a poco. La música emite destellos que pintan una sonrisa en nuestro rostro al tiempo que cerramos los ojos y nos imaginamos dejando atrás todas nuestras preocupaciones y bailando en medio de un océano de alegres deadheads. Phil y Bobby señalan la transición hacia “Fire On The Mountain” pero Jerry no está dispuesto a abandonar este precioso paisaje sin antes inspeccionarlo un poco más a fondo y redirige a la banda hacia una ensoñadora jam que se mueve en los márgenes de ambas canciones. A medio camino, el guitarrista activa su mítico auto-wah Mutron y, amparado por los extraños ruídos que Bobby está extrayendo de su slide, eleva la improvisación a una gloriosa cima que, esta vez sí, nos deposita directamente en “Fire On The Mountain”.

Una vez más, el público ruge con exultación cuando Jerry entona la primera estrofa, que fluye hacia un solo de guitarra liviano y efervescente que se ve tristemente truncado por un pequeño corte en la cinta. No supone un gran problema,  ya que hay un dragón con cerillas suelto por la ciudad y Jerry está desatado, sacando fuego de su guitarra mientras conduce a la banda a un segundo pasaje instrumental aún más intenso que el primero. El guitarrista pisa su pedal de overdrive y sale disparado con un solo incendiario mientras Phil le pisa los talones y Bobby dirige a la sección rítmica, que supone nuestro único lazo con la realidad. Es un extenso clímax de una belleza sobrecogedora que finalmente se abre a un enorme espacio abierto que Phil y Brent rellenan con un genial diálogo de bajo y teclado que crea una suave transición psicodélica hasta la última estrofa. El tema se cierra con Jerry jugando con su característico lick final mientras el Holleder Stadium entra en una erupción de júbilo y la música empieza a desvanecerse lentamente mientras “Fire On The Mountain” da paso a “Drums”, dejándonos con ganas de mucho más.

La próxima vez que penséis que los Grateful Dead nunca volvieron a escalar hasta sus mayores cimas tras la marcha de Keith Godchaux recordad que, como dice la canción, “de vez en cuando puedes encontrar la luz en los lugares más inesperados si buscas bien”. Disfrutad.

Descarga: Scarlet Begonias > Fire On The Mountain (9/1/1979)

Brent Dead

Los Grateful Dead de 1979: Mickey Hart, Phil Lesh, Jerry García, Brent Mydland, Bill Kreutzmann y Bob Weir

English version:

Welcome to the ninth instalment of Shake’s Picks. In the previous volume we shared an otherworldly version of “Dark Star” recorded on August 3rd, 1969, at the Family Dog in San Francisco, and this month we are going to travel 10 years ahead in time to visit a time that often gets overlooked when discussing the Grateful Dead’s best epochs but still treasures countless stellar shows. Fasten your seatbelts because we are about to land at Rochester’s Holleder Memorial Stadium on September 1st, 1979, and listen to a brilliant Audience recording of one of the best versions of “Scarlet Begonias > Fire On The Mountain” you’ll ever hear.

When I first started to delve into the vast legacy of The Grateful Dead’s live recordings some years ago one of the most useful tools that helped me to pick my way through the seemingly endless flow of shows was the Grateful Dead Listening Guide. Its carefully picked and beautifully annotated reviews and podcasts were a perfect starting point to dig deeper into certain years and styles, and to this day I still use the website as a reference guide to discover new shows. A couple of my Shake’s Picks have come from shows that I found through the Listening Guide (such as the “Dark Star > Comes A Time” from 7/26/1972 featured in volume 7 or the “Truckin'” jam from 5/12/1974 in volume 5), and Icepetal’s colourful style of putting the Dead’s music into words is a great inspiration for my writing.

One thing I have developed after years of visiting the Guide is a fondness for Audience recordings; that is, concerts recorded by a taper standing in the audience instead of using the soundboard mixer signal. AUD’s are definitely harder on the ear than Soundboards, and it takes some time getting used to their harsher sound, but once you do it becomes obvious that a good, rough, audience tape gives a better idea of how the band actually sounded live than a crisp and clean SBD. Plus, you get to hear the often priceless banter of deadheads between songs or during long jams. A nice Audience recording and a good pair of headphones is the closest experience you can have to actually being at a vintage Grateful Dead show in 2015.

Some of the Dead’s greatest shows ever don’t even circulate as Soundboards; among them many from one of their best years: 1970, a time when their soundman Owsley Stanley was in prison and therefore couldn’t record the band from the mixing desk, such as 6/24 at the Capitol Theatre. That was what made me start to dig into AUD’s in the first place and, with time, I have found myself preferring the audience tapes of many legendary shows over their much more popular soundboard counterparts. The Watkins Glen soundcheck on 7/27/73, 8/6/74 at Roosevelt Stadium (SBD officially released as Dick’s Picks 31), 9/28/76 at Syracuse (SBD available as Dick’s Picks 22), and even the ever-so-popular Cornell 77 come to mind. This show from September 1st, 1979, at Holleder Memorial Stadium in Rochester, New York, is yet another example of an electrifying AUD recording I discovered through the Listening Guide and which offers so much more than a crystal clear but flat Soundboard recording.

1979 was a time of transition for the Dead. Early in the year pianist Keith Godchaux and his wife, backing singer Donna Jean, who had been a key element in the band’s sound since 1971, were fired and replaced by Brent Mydland. Brent’s keyboards and backing vocals would become a defining element of the Dead’s sound throughout the next decade, which was not always a good thing. Brent was a great player but, in contrast to Keith’s jazzy but sober piano sound (it is often said that his refusal to switch to electric piano was one of the reasons why Jerry García decided to replace him), his electric keyboards and synthesizers often exemplified the worst excesses of eighties cheese, and he was a sub-par songwriter to say the least. Still, it is undeniable that Mydland’s arrival in 1979 injected a fresh, new energy to a band that had been playing on autopilot through the final months of the Godchaux’s stint. Especially Jerry García, whose heroin dependency had started to affect his playing in the second half of 1978, seemed to be rejuvenated by the “new guy”, discovering a renewed interest in the Dead’s music that propelled the band to new, soaring heights.

This “Scarlet Begonias > Fire On The Mountain” is a perfect example of that fresh, energetic approach to playing live that the band displayed in 1979. Ever the quintessential Grateful Dead “feel good” jam, this “Scarlet > Fire” goes way beyond the norm and opens up beautifully unique improvisational spaces.

Bob Weir dedicates the second set “to all those little mice in rats trapped in laboratories all over the world” and the sextet fires off into a “Scarlet Begonias” that bounces gently, led by the sweet interplay between the two guitar players. The crowd responds to each verse with thunderous cheers of joy as García softly paints the picture of that unique lady that is not like other girls. Brent adds some nice backing vocals, Phil Lesh dances joyfully across his fretboard and Jerry’s guitar casts lead lines that shine like shards of warm summer light above the auditorium. The wind in the willows plays tea for two, the sky turns yellow while the sun shines blue, and the Dead slowly lead us to a place where strangers stop strangers just to shake their hand.

The jam unfolds gently with Phil adding a playful counterpoint to Jerry’s lead lines while Brent deconstructs the main riff with spacey organ textures. Bobby contributes subtly mellow touches of slide and the drummers start to slowly pick up the pace. The music is sparklingly smile-inducing as we close our eyes and picture ourselves dancing without worries amidst a sea of cheerful deadheads. Phil and Bobby signal the transition into “Fire On The Mountain” but Jerry isn’t willing to leave without inspecting this beautiful landscape a little further and redirects the band to a dreamy middle-ground jam on the verge of both songs. Halfway through he kicks on his Mutron and, aided by the weird noises that Bobby is creating with his slide, lifts the improvisation to a glorious peak that, finally, drops us straight into “Fire”.

Once again, the crowd goes wild when Jerry hits the first verse, which flows into an airy, effervescent solo section that is sadly truncated by a tape-flip cut. No problem, though, because there’s a dragon with matches out loose on the town and García is absolutely on fire, pushing the envelope to take things even farther out on the second instrumental break. The guitarist switches on his overdrive pedal and goes off on a soaring solo with Phil hot on his heels as Bobby leads the rhythmic attack that holds everything together. It’s an extended climax of breathtaking beauty that eventually lands on a vast open space that Phil and Brent fill up with a great bass and organ dialogue that creates a nice psychedelic transition into the final verse. The extended outro has Jerry playing around his characteristic ending lick as Holleder Stadium erupts with joy and the music slowly fades out as it gently segues into “Drums”, leaving us wanting so much more.

The next time you think that The Grateful Dead never managed to escalate to their highest highs after Keith Godchaux’s departure just remember that once in a while you can get shown the light in the strangest of places if you look at it right. Enjoy.

Download: Scarlet Begonias > Fire On The Mountain (9/1/1979)

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s