The Grateful Dead – Shake’s Picks 4: Boston Garden, Boston, 4/2/1973

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En los tres primeros volúmenes de Shake’s Picks hemos viajado a los años 1978, 1970 y 1977 pero creo que con esta cuarta entrega ha llegado la hora de hacer una parada en el que es mi año favorito de toda la carrera de los Grateful Dead: 1973.

1973 se encuentra justo en medio de la que es considerada la época más jazzística de los Dead: aquella que va de 1972 a 1974. No es coincidencia que se trate de los años en que Bill Kreutzmann era el único batería de la banda, y es que la ausencia de un segundo percusionista (Mickey Hart había abandonado la nave en abril de 1971 aunque regresaría en 1975) ayudó a abrir más espacios en su música, conduciendo a un sonido más libre, distendido y experimental.

Los Dead nunca habían sido una banda de rock convencional desde el punto de vista rítmico, especialmente gracias al bajo de Phil Lesh, que siempre había estado más interesado en propulsar al grupo a la estratosfera que en mantenerlo anclado a la tierra. Pero ahora, con Kreutzmann desatado y tocando, en palabras del propio Lesh, “como un joven Dios”, un Bob Weir que había terminado de perfeccionar su inimitable técnica de guitarra rítmica expresionista, y las cascadeantes figuras del piano de Keith Godchaux ofreciendo un enrevesado contrapunto a las líneas melódicas de García, su sonido definitivamente tenía más en común con las improvisaciones de un conjunto de free jazz que con las típicas jams basadas en solos de guitarra de otras bandas de rock. Las jams de los Dead eran un constante intercambio de ideas entre cinco individuos en búsqueda de una epifanía, confiando en la inspiración del momento y la improvisación como camino a la transcendencia. Es por ello que, a la hora de establecer paralelismos, es más fácil comparar a los Grateful Dead de esta época con el cuarteto clásico de John Coltrane o los combos eléctricos de Miles Davis que con cualquier otra banda de rock.

1973 es para mí la cúspide de estos Dead más experimentales ya que supone el equilibrio perfecto entre las relajadas exploraciones de 1972 y los excesos más frenéticos de 1974. Los shows de los primeros meses del año muestran a la banda en pleno desarrollo de este nuevo acercamiento, aunque el sonido suave y cálido aún recuerda al del año anterior (principalmente debido al tono de Alligator, la Stratocaster que Graham Nash le había regalado a Jerry en 1972 y que utilizaría hasta mayo de 1973, cuando Doug Irwin le hizo entrega de su mítica Wolf, la guitarra que determinaría el matiz más afilado y estridente característico de los shows de la segunda mitad de 1973 y 1974).

Uno de los aspectos más llamativos de esta primera mitad de 1973 es la aparición de numerosas composiciones nuevas, en su mayoría canciones que aparecerían en su sexto disco de estudio Wake Of The Flood, grabado entre los meses de agosto y septiembre de ese mismo año, aunque también varias que no verían la luz hasta el From The Mars Hotel de 1974. Hablamos de temas como “Eyes Of The World”, “Row Jimmy”, “China Doll”, “Mississippi Half-Step Uptown Toodeloo” o “Stella Blue” (aunque estas dos últimas ya habían sido interpretadas en la segunda mitad de 1972). Canciones que no tardarían en convertirse en auténticos clásicos del repertorio de los Grateful Dead pero que por entonces aún se encontraban en un estado embrionario, empujando a la banda a experimentar con ellas y probar distintos arreglos, combinaciones y colocaciones dentro del repertorio hasta dar con la tecla perfecta. Esto se traduce en conciertos con setlists totalmente únicos, plagados de transiciones insólitas y jams extraordinarias.

El show del 2 de abril en el Boston Garden fue la última parada de una pequeña gira de 11 fechas por la Costa Este que había dado comienzo el 15 de marzo en el Nassau Coliseum de Uniondale, Nueva York. Se trata de un concierto mastodóntico de casi cuatro horas de duración y plagado de momentos sublimes como la jam de transición entre “China Cat Sunflower” y “I Know You Rider” o un apabullante “Playin’ In The Band” que se extiende a lo largo de más de 17 minutos de puro éxtasis psicodélico. Lo que tenemos aquí es el tramo final del segundo set, que comprende la gran jam de la noche.

La grabación arranca con la sugestiva melodía inicial de “Here Comes Sunshine”, uno de los temas nuevos que aparecerían en Wake Of The Flood. Las cálidas armonías vocales del segundo estribillo nos conducen directamente a una preciosa jam que se va abriendo poco a poco como los pétalos de una flor impulsada por el ride de Billy mientras Bobby, Keith y Phil pintan un vibrante lienzo para los luminosos trazos de la Alligator de Jerry. La jam desemboca en la última estrofa del tema pero la banda no parece dispuesta a parar y los estribillos finales conducen a una nueva improvisación que inadvertidamente empieza a adquirir matices más oscuros, evocando las desconcertantes texturas de “Dark Star”. Billy rompe el ritmo y empieza a deslizarse suavemente por los platos de su batería, empujando al resto de la banda a aventurarse en una lenta espiral descendente hacia los abismos de la locura. Las líneas de García se tiñen de un tono espectral mientras los dibujos atonales del piano de Godchaux y las repentinas explosiones del bajo de Lesh construyen un claustrofóbico paisaje sonoro. Cuando queremos darnos cuenta, la demencia más absoluta se ha apoderado de la música, que escapa a cualquier tipo de control mientras Billy ataca redobles imposibles que acentúan el espeluznante sonido de las púas arrastrándose por las cuerdas graves de las guitarras. Estamos en el agujero más recóndito de las catacumbas psico-sónicas de los Grateful Dead y no hay salida.

O sí. Repentinamente, las nubes de tormenta se disipan y la paranoia más asfixiante da paso a un cálido amanecer primaveral cuando Bob Weir rescata a sus compañeros del borde del abismo con los acordes iniciales de “Me & Bobby McGee”. Cuando el reconfortante viaje desde las minas de carbón de Kentucky hasta el sol de California, puntuado por unas armonías vocales entrañablemente desafinadas, llega a su fin los músicos siguen sin tener bastante y Jerry dobla una nueva esquina para guiar a Bob hacia un misterioso pasaje instrumental. Cuando reapareciera el 8 de septiembre de ese mismo año en el Nassau Coliseum, este intricado poema sonoro de aires clásicos se habría convertido en el primer movimiento de la “Weather Report Suite”, la majestuosa composición de Weir que cerraría Wake Of The Flood, pero en el Boston Garden aún se trataba simplemente de un pequeño nexo instrumental empleado para enlazar distintos pasajes, y resulta fascinante escucharla en este contexto, desprendida de la canción a la que pronto iría irremediablemente unida. Los Dead interpretaron este “Weather Report Suite Prelude”, que por entonces probablemente no tendría ni nombre, en cuatro ocasiones durante la gira de primavera por la Costa Este dentro del contexto de diferentes jams y es muy recomendable intentar rastrearlas todas.

El final de este preludio va seguido de unos segundos de incertidumbre hasta que García ataca los primeros acordes de un “Eyes Of The World” que se eleva de sus cenizas como un majestuoso pájaro en llamas, dispuesto a guiar al quinteto hacia nuevas cotas de refulgente esplendor improvisativo. En la primera mitad del tema la banda transita suavemente a través de escarpadas cimas hasta que, sin previo aviso, la jam explota y propulsa al Boston Garden a la velocidad de la luz hacia un viaje sin retorno a los confines del universo. Durante varios gloriosos minutos, los Grateful Dead juegan con las leyes de la física, deformando tiempo y espacio a su antojo en una caótica exploración de los confines de lo humanamente posible hasta que el éxtasis intergaláctico alcanza un último clímax y Jerry nos vuelve a depositar suavemente en la superficie de la Tierra con la reconfortante melodía de “China Doll”. Estamos a salvo.

Descarga: Here Comes Sunshine > Me & Bobby McGee > Weather Report Suite Prelude > Eyes Of The World > China Doll

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Bob Weir durante la gira de primavera de 1973

English version:

On the first three volumes of Shake’s Picks we have travelled to the years 1978, 1970, and 1977, but now is finally time to make a stop on my favourite year of the Grateful Dead’s career: 1973

1973 stands right in the middle of what is commonly considered the Dead’s jazziest period, which goes from 1972 to 1974. It’s no coincidence that these were the years when Bill Kreutzmann was the band’s sole drummer, because the absence of a second percussionist (Mickey Hart had left the group in April 1971 although he would rejoin in 1975) opened up new spaces in their music, leading to a freer, looser and more experimental sound.

The Dead had never been a conventional rock band from the rhythmic standpoint, especially due to the bass playing of Phil Lesh, who had always been more keen on propelling the group to the stratosphere that on holding it to the ground. But now, with Kreutzmann letting loose and playing, in Phil’s own words, “like a young God”, Bob Weir having reached the apex of his unique expressionist rhythm guitar technique, and the cascading figures of Keith Godchaux’s piano lending a twisted counterpoint to Jerry García’s melodic lines, their sound had definitely more in common with the improvisations of a free jazz collective than with the typical guitar solo-based jams of other rock bands. The Dead’s jams were a constant exchange of ideas among five individuals in search of an epiphany, believing in the inspiration of the moment as the path to musical transcendence. This is way, when it comes to making parallelisms, it’s easier to compare The Grateful Dead of this era to John Coltrane’s classic quartet o Miles Davis’ electric combos than to any other rock band.

For me 1973 signals the peak of this experimental era of the Dead because it represents a perfect equilibrium between the relaxed explorations of 1972 and the frenetic excesses of 1974. The shows of the first half of the year show the band developing this new approach, although the warm and smooth sound still recalls the year before (especially due to the characteristic tone of Alligator, the Stratocaster that Graham Nash had given to Jerry as a present in 1972 and which he would use until May of 1973, when Doug Irwin presented him with his legendary Wolf, the guitar that would shape the sharper and more strident edge of the Dead’s sound in late 1973 and 1974).

One of the most remarkable aspects of early 1973 is the appearance of several new compositions, the bulk of which would make up the Dead’s sixth studio album Wake Of The Flood, recorded between August and September of that same year, although some wouldn’t appear until its follow-up From The Mars Hotel in 1974. We’re talking about songs such as “Eyes Of The World”, “Row Jimmy”, “China Doll”, “Mississippi Half-Step Uptown Toodeloo”, and “Stella Blue” (although these two had debuted in 1972). These songs would soon become absolute classics but at this stage they were still in an embryonic stage, pushing the band to experiment with them and try out different arrangements, song combinations, and placings in the setlist in order to find the perfect key. This translates into shows with absolutely unique setlists, filled with unique transitions and extraordinary jams.

The April 2nd concert at Boston Garden was the last stop of a short, eleven show East Coast tour that had begun on March 15th at Nassau Coliseum in Uniondale, New York. It’s a huge, almost four hour show, chock-full of sublime moments that include a fantastic “China > Rider” transition jam and a colossal “Playin’ In The Band” that spirals its way across 17 minutes of pure psychedelic bliss. What we have here is the final stretch of the second set, which comprises the biggest jam of the night.

The recording kicks off with the suggestive opening melody of “Here Comes Sunshine”, one of the new songs that would appear in Wake Of The Flood. The warm vocal harmonies of the second chorus lead us straight into a beautiful jam that unfolds gently like the petals of a blooming flower propelled by Billy’s ride cymbal while Bobby, Keith and Phil paint a lively canvas for the shiny traces of Jerry’s Alligator. The jam flows into the last verse but the band doesn’t seem intent on stopping and the final choruses give way to a new improvisation that inadvertently starts to acquire darker nuances, hinting at the disconcerting textures of “Dark Star”. Billy breaks the rhythm and starts to lightly glide across his cymbals, pushing the rest of the band to venture into a slow spiral descending into the abyss of insanity. García’s lines take on a ghostly shade while the atonal meanderings of Godchaux’s piano and the sudden explosions of Lesh’s bass construct a claustrophobic sonic landscape. When we want to realize, absolute madness has taken over the music, which escapes any form of control as Billy blasts out impossible fills that accentuate the hair-rising noise of the picks scraping the guitar’s lower strings. We are trapped in the remotest hole of the Grateful Dead’s psycho-sonic catacombs and there is no way out.

Or is there? Suddenly the storm clouds dissipate and the suffocating sense of paranoia gives way to a lukewarm spring sunrise when body rescues his bandmates from the edge of the void with the opening chords of “Me & Bobby McGee”. When the comforting journey from the Kentucky coal mines to the California sun, punctuated by some irresistibly out of tune vocal harmonies, comes to an end the musicians still aren’t ready to stop and García turns yet another corner to guide Bob into a mysterious instrumental passage. The next time this intricate sonic poem of classical leanings was performed, on September 8th at Nassau Coliseum, it would have become the first movement of the “Weather Report Suite”, Weir’s majestic composition from Wake Of The Flood, but as of yet it was still only a short recurring theme used to link different passages, and it’s fascinating to hear it in this context, devoid of the song that it would soon become linked to forever. The Dead played the “Weather Report Suite Prelude”, that at this stage probably didn’t even have a name, on four occasions during the spring East Coast tour in the context of different jams and it’s well worth finding all of them.

The end of the Prelude is followed by a couple of seconds of tense uncertainty until García hits the first chords of an “Eyes Of The World” that rises from its ashes like a majestic bird of fire set to guide the quintet to new heights of flaming improvisational splendour. In the first half of the song the band transits gently across abrupt hills until, without a warning, the jam explodes and launches the whole Boston Garden on a one-way journey to the confines of the universe at the speed of light. For several glorious minutes the Grateful Dead play with the laws of physics, deforming space and time at their will in a chaotic exploration of the limits of what is humanly possible until the intergalactic meltdown reaches one final climax and Jerry drops us smoothly back on the surface of the Earth with the tranquilizing melody of “China Doll”. We are safe.

Download: Here Comes Sunshine > Me & Bobby McGee > Weather Report Suite Prelude > Eyes Of The World > China Doll

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