The Grateful Dead – Shake’s Picks 3, Winterland, San Francisco, 3/19/1977

Vol 3 Winterland 3 19 1977 portada

Bienvenidos al tercer volumen de Shake’s Picks. En las dos entregas anteriores hemos acompañado a los Grateful Dead en conciertos de los años 1978 y 1970 pero este mes nos vamos a sumergir de lleno en el que muchos fans consideran el mejor año de toda su historia: 1977, con el segundo set de su concierto en el Winterland de San Francisco el 19 de marzo.

El mito de 1977 se debe en gran medida a los conciertos que la banda ofreció durante el mes de mayo. Agotados por el estrés acumulado tras casi una década en la carretera, los Dead se habían tomado un descanso a finales de 1974 que se prolongaría más de un año y medio. En junio de 1976 la banda volvió a los escenarios con energías restauradas, una nueva formación (que volvía a incluir al segundo batería Mickey Hart, que había abandonado la banda en 1971), un sonido renovado y la determinación de tomárselo con más calma, reduciendo su montaje escénico y sustituyendo los grandes estadios que habían llenado en 1974 por locales de menor aforo y mejor acústica. Todos estos factores parecieron cuajar del todo un año después de su regreso, durante la gira de la primavera de 1977, que incluyó algunos de los conciertos más aclamados de toda su carrera. En una entrevista con el periodista Charles Shaar Murray para Rolling Stone a finales del mes de abril, Jerry García aseguró “Nos los estamos volviendo a pasar bien” y eso es exactamente lo que transmiten las grabaciones de los Dead en 1977: una banda que disfruta cada segundo sobre el escenario.

Sin embargo, cuando hace algunos años empecé a indagar en ese vasto universo que es el archivo de los Grateful Dead, 1977 no fue uno de los años que más me llamó la atención. Escuché muchos de esos shows míticos del mes de mayo (Boston, Cornell, Buffalo, Tuscaloosa…) y, aunque me pareció que albergaban grandes momentos, no consiguieron atraparme de la misma manera que grabaciones de otros años como 1973, 1976 o 1970. Irónicamente, no fue hasta que escuché dos conciertos pertenecientes no a la primavera sino a principios y finales del año, que el hechizo de los Dead de 1977 finalmente se apoderó de mí. Los shows en cuestión fueron el de la Universidad de Colgate en Hamilton, Nueva York, el 4 de noviembre (que el año pasado fue editado oficialmente como Dave’s Picks Vol. 12) y este del 19 de marzo en el Winterland de San Francisco. En ellos por fin descubrí la energía, el júbilo y la magia a la que aludía García en Rolling Stone y que hace que muchos deadheads veneren 1977 por encima de cualquier otro año.

Los Dead empezaron el año a lo grande, con un concierto el 26 de febrero en el Swing Auditorium de San Bernardino en el que estrenaron dos temas que se convertirían en clásicos absolutos de su repertorio: “Terrapin Station” (que abrió el concierto) y “Estimated Prophet”. El show de San Bernardino fue seguido por otro en Santa Bárbara el día siguiente y la banda se tomó algunas semanas de descanso antes de afrontar su siguiente compromiso: tres noches consecutivas en su cuartel general, el Winterland Ballroom de San Francisco, los días 18, 19 y 20 de marzo. Esta residencia en Winterland no es tan famosa como otras (mismamente la de junio de ese mismo año, que fue editada en un cofre de 10 cd’s en 2009) pero incluye alguna de la mejor música jamás interpretada por los Dead. El show del día 18 destacó por el estreno de “Fire On The Mountain” así como por la única versión completa de la suite de “Terrapin Station” jamás interpretada en directo, y el del 20 incluyó un espléndido “St. Stephen > The Other One > Stella Blue”, pero es la noche del 19 de marzo la que destaca por encima de las demás.

El show ya había alcanzado un intenso clímax psicodélico durante el primer set con un apabullante “Terrapin Station > Playin’ In The Band > Samson & Delilah > Playin’ In The Band” pero lo que tenemos aquí es el segundo set de la noche. La banda vuelve a escena después del descanso con una energía imponente, lanzándose directamente a un vigoroso “Eyes Of The World” en el que las cristalinas líneas de la guitarra de García trazan luminosas espirales en torno a la cascada de notas que emana del piano de Keith Godchaux y el enrevesado contrapunto del bajo de Phil Lesh. Las voces irradian puro júbilo y la intensidad sigue subiendo hasta que, después de la tercera estrofa, los baterías empiezan a deconstruir el ritmo y la jam se va disolviendo lentamente, evocando un inquietante paisaje lunar en el que puede suceder cualquier cosa. Bob Weir introduce el lick de “Dancin’ In The Streets” y Jerry le responde activando su auto-wah Mutron pero, en lugar de lanzarse directamente a “Dancin'”, la banda opta por explorar ese desconcertante escenario durante algunos minutos más. La tensión escala por momentos; García, Godchaux y Weir solapan líneas melódicas mientras el bajo de Phil Lesh suena como el motor de un cohete a punto de estallar y de repente, cuando queremos darnos cuenta, hemos aterrizado en “Dancin’ In The Streets”.

Jerry y Phil esparcen dispersas notas sincopadas sobre el contagioso groove de los baterías y para cuando Bobby empieza a cantar (equivocándose, cómo no, al entrar a la estrofa directamente sin pasar por el estribillo para confusión de la pobre Donna Jean Godchaux) los Dead han convertido el clásico de Motown en la banda sonora de una discoteca intergaláctica. Los solos de García durante la jam son absolutamente incendiarios, pintando inverosímiles colores y texturas a los que el resto de la banda va reaccionando hasta que el barbudo decide que ya es suficiente y cambia de registro abruptamente para iniciar “Wharf Rat”. Se trata de una versión majestuosa de la balada de Skull & Roses con un Keith inconmensurable al piano y García dejándose el alma al cantar. La sección final suena como una épica marcha triunfal que acaba conduciendo a un misterioso espacio abierto y entonces, de la nada, Jerry empieza a tocar “Franklin’s Tower” (la tercera vez que el tema aparecía sin ir precedido de “Help On The Way > Slipknot!”) “Franklin’s” arranca con un ritmo suave y funkyoso pero poco a poco va cogiendo impulso hasta que Jerry exclama “If you get confused listen to the music play” y los Dead explotan. Los solos de guitarra son como relámpagos en la oscuridad, el incesante ataque de Bill Kreutzmann y Mickey Hart amenaza con derribar los cimientos de la sala y cada estribillo suena más jubiloso que el anterior. Para cuando las últimas notas a capella de “Franklin’s Tower” dan paso a “Sugar Magnolia” Winterland es una auténtica fiesta. En palabras de un asistente al concierto rememorando la experiencia en Archive.org: “This was as good as it ever got: SHEER JOY”.

Descarga: Eyes Of The World > Dancin’ In The Streets > Wharf Rat > Franklin’s Tower > Sugar Magnolia (3/19/1977)

Grateful Dead live

Donna Jean Godchaux, Phil Lesh, Bob Weir, Mickey Hart, Jerry García, Bill Kreutzmann y Keith Godchaux en Winterland en marzo de 1977

English version:

Welcome to the third volume of Shake’s Picks. On the previous instalments we have visited shows from the years 1978 and 1970 but this month we are plunging straight into what many fans consider the finest year of The Grateful Dead’s career: 1977, with the second set of the March 19th show at San Francisco’s Winterland Ballroom.

The myth of 1977 is based mostly on the concerts that the band gave during the month of May. Worn out by the stress after almost a decade on the road, the Dead had decided to take a break in late 1974 that would last over a year and a half. In June 1976 the band returned with fresh energies, a new line-up (with second drummer Mickey Hart back in the fold after his departure in 1971), a renewed sound, and the determination to scale things down, reducing the size of their sound equipment and substituting the huge stadiums they had filled in 1974 for smaller arenas with better acoustics. All these new factors seemed to gel together during the spring 1977 tour, that included some of the most lauded shows in their career. In an interview with Rolling Stone writer Charles Shaar Murray in late April, Jerry García declared “We’re having fun again” and that is exactly what live recordings of the Dead in 77 transmit: they show a band that enjoys every second they spend onstage.

Still, when I started digging in the vast universe of live Grateful Dead recordings some years ago, 1977 wasn’t one of the years that really caught my attention. I listened to all those mythical May shows (Boston, Cornell, Buffalo, Tuscaloosa…) and, although they definitely had great moments in them, they didn’t fascinate me in the same way as recordings form other years such as 1973, 1976 or 1970. Ironically, it wasn’t until I listened to two concerts not from the spring tour but from the start and the end of the year, that the charm of 77 Dead finally grabbed a hold of me. These shows were November 14th at Hamilton’s Colgate University (which was released officially last year as Dave’s Picks 12) and the one we have here: March 19th at Winterland. In them I finally discovered the energy, the joy, and the magic that García alluded to on Rolling Stone and which makes many deadheads worship 1977 over any other year.

The Dead started 77 on a high note, with a show at San Bernardino’s Swing Auditorium on February 26th in which they uncovered to new songs that would become absolute classics: “Terrapin Station” (which kicked off the first set) and “Estimated Prophet”. San Bernardino was followed by another show on Santa Barbara the day after and the band took a couple of weeks off before their next stop: three nights at their headquarters in San Francisco’s Winterland Ballroom on March 18th, 19th and 20th. This Winterland run is not as famous as others (such as the one on June 77, which was released on an essential 10 disc box set on 2009) but it includes some of the best music the Dead ever played. The 3/18 show was highlighted by the premiere of “Fire On The Mountain” as well as the only version of the full “Terrapin Station” suite ever performed live, while 3/20 included a spectacular “St. Stephen > The Other One > Stella Blue”, but it’s 3/19 that really stands out as the best night of the run.

The show had already reached an intense psychedelic climax during the first set with an astonishing “Terrapin Station > Playin’ In The Band > Samson & Delilah > Playin’ In The Band” but what we have here is the full second set. The band returns to the stage after set break with an impressive energy, launching straight into a vigorous “Eyes Of The World” in which García’s crystal lines trace dazzling spirals around the cascade of notes emanating from Keith Godchaux’s piano and Phil Lesh’s twisted bass counterpoint. The voices irradiate pure elation and the intensity level keeps rising until, after the third verse, the drummers start to deconstruct the rhythm and the jam dissolves slowly, evoking a dreamy lunar landscape in which anything can happen. Bob Weir introduces his “Dancin’ In The Streets” lick and Jerry answers by switching on his Mutron envelope filter, but instead of going straight into “Dancin’” the band chooses to explore this disturbing scenery a couple of minutes more. Tension builds up slowly as García, Godchaux and Weir overlap their melodic lines while Lesh’s bass sounds like the engine of a space rocket about to explode and suddenly, before we can even dare to notice, we have landed on “Dancin’ In The Streets”.

Jerry and Phil scatter syncopated notes over the drummer’s infectious groove and by the time Bobby starts to sing (fucking up the lyrics, of course, by going straight into the verse instead of the chorus, confusing poor Donna Jean in the process) the Dead have transformed the Motown classic into the soundtrack of an intergalactic discotheque. García’s solos during the jam are absolutely incendiary, painting unbelievable colours and textures over the complex tapestry laid out by the band. Suddenly, Jerry has had enough and he shifts gear to lead the band into “Wharf Rat”. This is a glorious version of the Skull & Roses classic, with great piano work by Keith and García pouring out his heart in every line he sings. The final section sounds like an epic victory parade that ends up leading into a vast open space until, out of nowhere, Jerry starts playing “Franklin’s Tower” (only the third time that the song was played without being preceded by “Help On The Way > Slipknot!”) “Franklin’s” starts out smooth and funky but builds up steadily until García advices that “If you get confused, listen to the music play!” and the Dead explode. The guitar solos shine like lightning bolts in the dark, Kreutzmann and Hart’s incessant attack threatens to tear down the ballroom walls, and each chorus is sung with more passion than the one before. By the time the last a cappella notes of “Franklin’s Tower” give way to “Sugar Magnolia” Winterland is a party. In the words of an assistant to the show recalling the experience in Archive.org: “This was as good as it ever got: SHEER JOY”.

Download: Eyes Of The World > Dancin’ In The Streets > Wharf Rat > Franklin’s Tower > Sugar Magnolia (3/19/1977)

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