Bootleg: The Grateful Dead – Lindley Meadows, Golden Gate Park, SF, 28/09/1975

1975-09-28 Jer Bob Phil

La banda acaba de terminar de tocar la primera canción del repertorio cuando Phil Lesh se acerca al micrófono y anuncia: “Si hay algún médico entre los presentes que por favor venga detrás del escenario porque hay una mujer teniendo un bebé”. Miles de personas rompen en gritos de júbilo. Uno de los organizadores del evento sale al escenario para intentar poner algo de orden y cordura y, mientras Lesh y Bob Weir no pueden dejar de bromear (“¡El caso es que hay un bebé que está naciendo en algún sitio por aquí cerca tío!”) Jerry García empieza a tocar la melodía de “Cumpleaños Feliz”.

Bienvenidos a otro concierto de los Grateful Dead.

No se trata, no obstante, de un concierto cualquiera, y es que el show gratuito en los Lindley Meadows del parque Golden Gate de San Francisco el domingo 28 de septiembre de 1975 ocupa un lugar destacado en la mitología deadhead por varios motivos. Ahora, cuando se acaban de cumplir 39 años de tan señalada fecha, es un momento tan bueno como cualquier otro para recordar una de esas tardes mágicas que abundan a través del largo y extraño viaje de la banda psicodélica por excelencia.

Jer Billy

Jerry García y Bill Kreutzmann en Lindley Meadows

1975 fue un año atípico para los Grateful Dead ya que el grupo pasó su décimo aniversario alejado de la carretera, que había sido su hábitat natural desde sus inicios. A lo largo de 1974, las consecuencias de su extenuante ritmo de giras interminables por recintos cada vez mayores se habían vuelto insoportables tanto a un nivel económico, debido a los elevados costes de trasladar y mantener su mastodóntico equipo de sonido, el “Wall of Sound”, como personal, con los miembros de la banda cayendo presa de diversas adicciones y sintiéndose cada vez más aislados los unos de los otros. Todo se había vuelto demasiado grande y los Dead decidieron que la única solución era tomarse un respiro. Así, tras cinco conciertos de despedida en el Winterland de San Francisco en octubre de 1974, la banda se embarcó en un paréntesis indefinido en su actividad en directo que acabaría durando hasta junio de 1976.

A principios de 1975, el grupo se reunió en los Ace Studios de Bob Weir para grabar uno de los mejores discos de estudio de su carrera, Blues for Allah, y a continuación sus miembros se aventuraron en distintos proyectos en solitario. Durante todo el año, los Grateful Dead sólo se subieron juntos a un escenario en cuatro ocasiones, todas ellas en su ciudad natal de San Francisco.

La primera de estas actuaciones fue durante un concierto benéfico el 23 de marzo en el Kezar Stadium junto a artistas como Bob Dylan, Neil Young o Santana. Anunciados como “Jerry García & Friends” los Dead, aumentados por los teclados de Ned Lagin y Merl Saunders, interpretaron un repertorio de tan sólo dos temas: una exploración de más de 20 minutos a partir del atonal “Blues for Allah” y una versión del “Johnny B. Goode” de Chuck Berry (probablemente el setlist más bizarro de toda su carrera). La banda se volvió a reunir el 17 de junio para dos sets en su cuartel general, Winterland, tras un concierto de Kingfish, la banda de Bob Weir y Dave Tolbert, bajista de los New Riders Of The Purple Sage, junto a Keith & Donna (el grupo que lideraba el matrimonio Godchaux, pianista y corista de los Dead, y en el que también militaba el batería Bill Kreutzmann), e hizo lo propio una vez más para la presentación oficial de Blues for Allah el 13 de agosto en el Great American Music Hall (concierto que sería editado en 1991 como One from the Vault, dando pistoletazo de salida a la publicación oficial de grabaciones de conciertos extraídas de los archivos de la banda).

Phil 2

Phil Lesh

Cada uno de estos tres conciertos fue una ocasión muy especial para los fans de los Grateful Dead, ya que la incertidumbre que rodeaba a la banda durante 1975 era tal que siempre existía la posibilidad de que se tratara de la última vez que se subieran juntos a un escenario. Por ello, cuando se anunció un concierto gratuito para el 28 de septiembre en el Golden Gate Park organizado por el People’s Ballroom (una coalición apolítica formada por más de 70 colectivos de la ciudad de San Francisco) y protagonizado por Jefferson Starship y Jerry García & Friends, la expectación se disparó. Cuando finalmente llegó la fecha, entre 25.000 y 50.000 personas (según fuentes de la época) desafiaron al frío y al cielo cubierto y atestaron los Lindley Meadows dispuestos a pasar una tarde de celebración junto a sus ídolos.

Las mejores predicciones se cumplieron cuando, tras finalizar su concierto con una extendida versión de “Volunteers”, Paul Kantner de Jefferson Starship anunció: “Que no se marche nadie. Los Grateful Dead están a punto de salir a tocar”, provocando el delirio del público. Efectivamente, apenas media hora después del fin del show de Kantner, Balin, Slick y cía. los Dead hicieron acto de presencia sobre el escenario, sonrientes y frotándose las manos para combatir el frío. Antes de salir a escena, en el tráiler que hacía las veces de improvisado camerino, Bob Weir bromeó: “San Francisco está apunto de escuchar a la banda más oxidada del show business. El público probablemente acabará amenazándonos con horcas y antorchas” pero sin embargo, en cuanto el grupo responde al jovial saludo de Phil Lesh “Long time no see, folks!” atacando las primeras notas de la kaleidoscópica dupla inicial de Blues for Allah “Help on the Way/Slipknot!” el tiempo parece no haber pasado. El público enloquece y los Grateful Dead se vuelven a convertir en la imprevisiblemente imbatible máquina de rock ácido que han sido durante diez años.

Bob

Bob Weir

Otro de los factores que hacen de Lindley Meadows un concierto especial es el hecho de que la banda actuó bajo los efectos del LSD, constatado por Jerry García años después. Durante los primeros años de su carrera, era habitual que los Grateful Dead tomaran ácido antes de tocar en directo, pero estas ocasiones se volvieron cada vez menos frecuentes a lo largo de la década de los setenta, aunque existen fechas puntuales en las que se sabe con certeza que la banda salió a tocar tras haber tomado LSD, como el 27 de agosto de 1972 en Veneta, Oregón o el 11 de mayo de 1978 en el Springfield Civic Centre de Massachusetts. En Lindley Meadows, el estado alterado de los miembros de la banda no se traduce en increíbles jams psicodélicas como en Veneta ni en el brillante descontrol del show de Springfield, sino que se deja notar en el carácter relajado y festivo del concierto, transmitiendo la sensación de que el grupo se lo está pasando en grande.

Bob Weir se muestra muy comunicativo, bromeando constantemente con el público. Antes de “Beat it on Down the Line”, el guitarrista asegura: “Vamos a hacer todos los viejos temas favoritos que podamos recordar” y, ante el ensordecedor aplauso que provocan sus palabras, se ríe y añade: “No estaríais tan contentos si supierais lo que eso significa”. Las armonías vocales son perfectas y Keith Godchaux, Phil Lesh y Jerry García se persiguen a través de los mil y un recovecos que encuentran entre los pilares construidos por la doble batería de Bill Kreutzmann y Mickey Hart (cuyo regreso ese año tras su marcha en 1971 aporta un innegable plus de energía al sonido de la banda) y las singulares pinceladas rítmicas de Weir a lo largo de temas nuevos como “The Music Never Stopped” y viejos clásicos como “It Must Have Been the Roses”.

Keith

Vista del público tomada desde detrás de Keith Godchaux

Antes de “Truckin’” Weir anuncia que no cree que se vaya a acordar bien de la letra y efectivamente, como es habitual a lo largo de los cientos de veces que los Grateful Dead tocaron la canción durante su carrera, procede a equivocarse, en esta ocasión omitiendo la segunda y la quinta estrofa por completo. El clásico de American Beauty (que no volverá a ser interpretado en directo hasta casi dos años después, cuando regrese triunfalmente durante el show del 3 de octubre del 77 en la pista de carreras Raceway Park de Englishtown, New Jersey) da paso a una frenética jam que se disuelve en un breve duelo entre los dos baterías y que a su vez sirve de antesala a “King Solomon’s Marbles”, el desenfrenado instrumental de corte jazzístico compuesto por Lesh para Blues for Allah, que desemboca en una envolvente lectura de “Not Fade Away” con García sacando magia de su Travis Bean solo tras solo. Con los clásicos “Goin’ Down the Road Feelin’ Bad” y “One More Saturday Night”, la banda pone punto y final a un breve (para estándares Dead) aunque brillante set de apenas dos horas.

Jerry Bob Phil

Jerry, Bob y Phil

Pero si hay un factor que ha hecho que Lindley Meadows se convierta en uno de los conciertos básicos dentro del canon de los Grateful Dead, es la increíble grabación realizada desde el público que circula desde hace décadas. El sonido es tan bueno que durante años se corrió el rumor de que el propio Phil Lesh había registrado el concierto desde el escenario. Sin embargo, el responsable de que casi cuarenta años después podamos disfrutar del concierto con una calidad de sonido impresionante es Bob Menke, uno de los tapers más célebres de los primeros años de la carrera de los Dead, responsable de grabaciones de conciertos a pie de pista que se remontan hasta 1967.

En 2008, cuando puso en circulación la versión digital de la cinta, el propio Menke explicó cómo consiguió plasmar el concierto con un sonido tan bueno: “Era un día muy nublado y llegamos allí pronto, sobre las ocho y media de la mañana. Así es como acabamos colocándonos a unos tres o cuatro metros del escenario. Montamos los micros en palos de escoba que sujetamos a mano, separados unos seis metros entre sí. Que las voces se escuchen tan bien se debe a un pequeño altavoz que había en el suelo del escenario cerca de la columna derecha de la PA y que se dedicaba a lanzarlas a todo volumen. Otro dato muy interesante es el hecho de que Jefferson Starship abrieron el concierto y su sonido desde la PA fue una auténtica mierda. Nada que se aproximara a la claridad y la calidad que los Dead consiguieron extraer del mismo equipo.”

Jerry 3

Jerry García

Con este sistema, Bob Menke consiguió una grabación perfecta, en la que todos los instrumentos se distinguen con perfecta claridad y suenan totalmente equilibrados, sin que ninguno destaque por encima de los demás y sin llegar en ningún momento a oscurecer las voces. Además, al estar registrada desde el público, la cinta de Menke logra transmitir perfectamente el ambiente festivo de aquella tarde, y es genial escuchar a la gente cantar junto a la banda en “Franklin’s Tower”, pedir a gritos temas como “Casey Jones”, “Dark Star” o “St. Stephen”, reaccionar a las intervenciones de Weir y Lesh y al citado incidente de la mujer dando a luz, o simplemente charlar animadamente entre canción y canción.

La cinta de Menke reúne todos los requisitos de una gran grabación: la banda se muestra en un estado de forma impresionante, el sonido es impecable y además consigue plasmar gran parte de la experiencia de vivir un concierto de los Grateful Dead en 1975 entre el público, lo que la convierte en un registro no solamente de la música sino de mucho más. El 28 de septiembre de 1975 en el Golden Gate Park, San Francisco regresó por unas horas al espíritu que la convirtió en un Shangri-La de paz, amor y música diez años antes, y gracias a Bob Menke a día de hoy nosotros también podemos unirnos a la celebración.

Escucha el concierto completo en archive.org

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