Chris Robinson Brotherhood, Betty’s S.F. Blends

Chris Robinson Brotherhood, Betty's SF Blends

Siempre he sido un gran amante de los discos en directo. De pequeño mi primer contacto con muchas de mis bandas favoritas fue a través de sus grandes directos, perdiéndome en los surcos de todos esos live albums clásicos de los setenta como Kiss Alive!, Strangers in the Night de UFO, Live and Dangerous de Thin Lizzy o At Budokan de Cheap Trick. Pese a que los retoques en estudio hacen que muchos de éstos en el fondo tengan bien poco de directo, hoy en día sigo disfrutando esa cualidad casi mágica que tienen de plasmar a una banda en el momento cumbre de su carrera. Admiro cómo un disco en directo puede reproducir la energía de un artista sobre el escenario (Live at the Apollo de James Brown, el It’s Alive ramoniano, Live at Leeds de los Who) o mostrar a una banda desarrollando todas sus capacidades ajena a las ataduras y restricciones de grabar en estudio (At Fillmore East de los Allman Brothers, Made in Japan de Deep Purple o el increíble Stockholm ’67 de los Electric Prunes que se reeditó el pasado año).

Es por ésto que el anuncio hace unos meses de la edición de un disco en directo de Chris Robinson Brotherhood, proyecto del cantante de los Black Crowes iniciado en 2011 y que en 2012 publicó uno de mis discos favoritos de los últimos años, Big Moon Ritual, me llenó de excitación. CRB se enmarcan dentro de esa tradición psicodélica de finales de los sesenta y principios de los setenta que les hace salir al escenario cada noche dispuestos a permitir que ocurra cualquier cosa, a dejarse llevar por su música y hacer de cada show una experiencia totalmente única. Había escuchado varias grabaciones de conciertos de la banda como para saber que los resultados de esta filosofía eran brillantes, pero la frialdad de descargarse un archivo al ordenador es muy distinta a la sensación de tener en tus manos un flamante nuevo disco en vivo. Ese procedimiento, casi ritual, de escuchar por primera vez un directo mientras contemplas las fotos interiores, estudias los créditos y te pierdes en la majestuosidad de su portada que había vivido hace años con Aerosmith o Led Zeppelin es algo que he vuelto a experimentar gracias a este Betty’s S.F. Blends. Desde la impecable presentación hasta la magia que guardan sus surcos, el nuevo disco de Chris Robinson Brotherhood transmite ese aura que sólo un disco en directo clásico puede desprender.

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Mark “Muddy Dutton, Chris Robinson, George Sluppick, Adam McDoughall y Neal Casal

Cuando tus discos en estudio son dobles (Big Moon Ritual y el algo menor pero aun así notable The Magic Door, ambos grabados en las mismas sesiones y publicados con apenas tres meses de distancia) el típico concepto del doble en directo se te queda corto. Betty’s S.F. Blend (subtitulado Volume 1, apuntando a una posible secuela en el futuro) es un disco cuádruple editado únicamente en vinilo y limitado a 2000 copias publicado a finales del pasado noviembre con motivo de la celebración del Black Friday. Custodiado en una gruesa cubierta de cartón desplegable con sugerentes diseños de Alan Forbes que inmediatamente nos retrotraen al San Francisco de finales de los sesenta, recordando todos esos carteles clásicos que evocan el nebuloso interior de salas cubiertas por una cortina de humo y aroma a incienso, el set se completa con un libreto de doce páginas plagado de fotos y con un texto de Ethan Miller, guitarrista de los geniales Howlin’ Rain, además de una postal con la reproducción del cartel de uno de los conciertos de los que están tomadas las grabaciones. Por poner una pequeña pega, es bastante complicado guardar los discos sin dañar la funda, especialmente los dos centrales. Quizá hubiera sido más práctico un formato box set como el del reciente Wiser for the Time de los Black Crowes, aunque la presentación de Betty’s S.F. Blends (no hablemos ya de la calidad de sonido…) supera la de éste con creces.

Como buen fan de los Grateful Dead no pude pasar por alto que el nombre del disco no es casual, y éste fue precisamente uno de los hechos que más me hicieron anticipar su lanzamiento desde que fue anunciado el pasado verano. La Betty del título no es otra que Betty Cantor-Jackson, ingeniera de sonido de los Dead durante años y responsable de los célebres Betty Boards, algunas de las grabaciones de conciertos más atesoradas por los seguidores de la banda. El mítico show en Veneta, Oregon del 27 de agosto de 1972 o el laureado triplete Boston-Cornell-Buffalo de mayo del ’77, por poner tan solo un par de ejemplos, son obras de Betty. El color y la claridad de sus grabaciones de los Grateful Dead siguen siendo referentes de cómo mezclar el sonido de una banda en directo a día de hoy.

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Betty Cantor-Jackson y Phil Lesh en tiempos mejores

Robinson explica que fue la propia Cantor-Jackson la que se aproximó a la banda durante una serie de conciertos en San Francisco en 2011 y les dijo que les iba a grabar siempre que se acercaran a la ciudad, y señala cómo Phil Lesh (bajista de los Grateful Dead), quien se subió al escenario con los Brotherhood para algunos temas durante esos mismos shows, divisó a Betty en la sala de control y les felicitó por contar con el que hoy en día sigue siendo “el mejor par de oídos en todo el negocio”. La célebre ingeniera de sonido ha alabado la música de CRB, llegando a asegurar que son la única banda que realmente la ha conmovido desde la muerte de Jerry García, y ellos han recalcado el honor que les supone poder trabajar con ella y servir como un nuevo capítulo en su legado. En la nota de prensa del disco, la banda asegura: “We feel super blessed to have Betty’s cosmic ears and prolific talents. We’re honored and inspired that Betty chose our farm to table psychedelic hayride as a vehicle to continue her amazing sonic work”.

Chris señala que laCRB4 banda cedió a Betty el control total del proyecto (“If I’m going to put her name on it, I really wanted her to be in charge”). Ésta grabó los cinco conciertos que ofrecieron en el Great American Music Hall de la ciudad de la bahía entre el 11 y el 16 de diciembre del 2012 y después acometió la ardua tarea de seleccionar qué temas incluir en el disco y cuáles descartar de entre los más de noventa registrados. Cantor-Jackson explica que hizo la selección con el formato del vinilo en mente, siendo consciente de las restricciones de tiempo que plantea y con la idea de crear una narrativa cohesionada en la que cada cara fuera una entidad que contribuyera al conjunto global del disco. En lugar de presentar simplemente un cúmulo de canciones agrupadas sin sentido como podría haber ocurrido si se hubiera editado un cofre de cd’s, las limitaciones del vinilo han empujado a Betty a configurar una selección concisa y muy estudiada. Ésto se nota al escuchar las dos horas y media que dura este Betty’s S.F. Blends, cuyas ocho caras fluyen con naturalidad como si de un show completo de la banda se tratara, pero que también ofrece la posibilidad de poder escuchar uno de los cuatro lp’s por separado sin que suene truncado o fuera de contexto. Todo ésto puede parecer una nimiedad pero creedme, no lo es.

No obstante, cuando Betty Cantor-Jackson está a los mandos de una grabación todo lo demás se convierte en secundario en relación al sonido, y aquí, una vez más, nos encontramos ante una lección maestra de cómo mezclar un disco en directo. Todos los instrumentos se aprecian con una claridad cristalina hasta el más mínimo detalle, sin que ninguno eclipse a los demás en momento alguno. El público está lo suficientemente presente como para no olvidar que se trata de una grabación en vivo pero sin que ello pueda suponer una distracción de lo realmente importante, que a fin de cuentas es la música. La mezcla me recuerda a las grandes grabaciones de los Grateful Dead que, al ser escuchadas con cascos, crean una especie de círculo alrededor del oyente con cada instrumento claramente posicionado en un punto de la circunferencia pero con todos a la misma distancia del centro, consiguiendo así un conjunto equilibrado en el que todos los colores contribuyen a partes iguales a ese gran cuadro final que es la música sin que ninguno domine por encima de los demás. El cuidado en el prensaje de los vinilos sin duda contribuye también en gran medida a la claridad del sonido de este Betty’s S.F. Blends.

Great American Music Hall

CRB en directo en el Great American Music Hall

Las comparaciones con los Grateful Dead no se restringen al papel de Betty Cantor-Jackson en el disco. Chris Robinson siempre ha sido un enamorado de la música de la banda, aunque como él mismo ha declarado fuera el único deadhead en los Black Crowes, como queda demostrado por la versión que éstos hicieran del clásico “He’s Gone” el 9 de agosto del 2005 en el Fillmore Auditorium para conmemorar el décimo aniversario de la muerte de Jerry García. El tema empieza muy bien pero descarrila al llegar al puente, en el que cada uno se va por su lado sin saber muy bien qué hacer (y eso que los extras del dvd Freak ‘N’ Roll les muestran ensayándolo concienzudamente). Consiguen encauzar la canción de nuevo y el resultado es una versión cuanto menos entrañable e innegablemente bienintencionada pero que sin embargo demuestra que los Crowes siempre estuvieron más cómodos en el terreno de unos Rolling Stones o unos Led Zeppelin que en el de los Grateful Dead.

Era de suponer, por tanto, que las aventuras de Chris en solitario tuvieran ese aroma Dead que siempre echó en falta en su banda madre, algo que ya apuntó hace años con sus New Earth Mud pero que terminó de confirmarse con Chris Robinson Brotherhood (cuyo nombre, todo sea dicho, no puede dejar de ser interpretado como un explícito mensaje a Rich Robinson – tras más de veinte años compartiendo grupo con su hermano no ha sido hasta ahora que Chris ha encontrado la auténtica hermandad…) CRB llevan la filosofía Dead tatuada en la frente, desde su gusto por la improvisación y el placer de dejarse llevar a donde la música quiera transportarles sobre el escenario hasta su parafernalia e iconografía o la clara influencia de los Grateful Dead de principios de los setenta en sus composiciones. Para más inri, durante los conciertos del Great American Music Hall, tanto Chris como Neal Casal tocaron la mítica Wolf, la guitarra construida por Doug Irwin por encargo de Jerry García y que el añorado guitarrista utilizó a lo largo de 1973 y 1974, tal y como puede verse en las fotos del libreto.

chrisrobinson

Train Robbers

Sin embargo, CRB no se limitan simplemente a reproducir el sonido de los Grateful Dead y sus influencias van mucho más allá, como demuestra el hecho de que Betty’s S.F. Blends se abra con un tema de Bob Dylan y se cierre con uno de Blue Cheer. La paleta sónica de los Brotherhood se nutre tanto de las exploraciones psicodélicas con regusto ácido de los grandes nombres de la California hippie como del rock and roll sureño y pantanoso de ascendencia soulera y vocación festiva, del destello luminoso del country de Bakersfield y sus alumnos de pelo largo, y de los relatos del folklore americano plagados de bandidos, trenes a ninguna parte y la libertad prometida por la última frontera siguiendo al sol camino del oeste. CRB cultivan una música a partes iguales indómitamente libre y cálidamente hogareña. En sus notas interiores, Ethan Miller le concede el apelativo de good time music. A mí me viene a la cabeza el evocativo término acuñado por Gram Parsons en su célebre frase “I dream of Cosmic American Music”.

Bobby Chris

Bob Weir y Chris Robinson

Chris Robinson ha experimentado una increíble evolución desde el arrogante y anoréxico Rod Stewart sureño de Shake Your Money Maker hasta el afable barbudo de ojos cristalinos que canta al romanticismo de la América profunda en la actualidad. No hay más que observar sus frenéticos bailes en los conciertos de los Black Crowes o escuchar alguna de sus clásicas salidas de tono de fumeta para cerciorarse de que sigue siendo el mismo, pero en estos casi 25 años su voz ha adquirido un tono de calidez y tranquilidad que sólo puede aportar la experiencia, y es loable cómo su labor como compositor parece mejorar y evolucionar con el tiempo sin mostrar señal de estancamiento alguno, siempre dispuesto a explorar terrenos nuevos en lugar de limitarse a exprimir una fórmula que sabe que funciona.

Betty’s S.F. Blends pone de manifiesto una cualidad poco conocida de Robinson y que sin embargo es una de las características más llamativas del sonido de CRB: su labor como guitarrista rítmico. Emulando el enfoque de ritmo melódico de Bob Weir (guitarrista de, una vez más, los Grateful Dead), Chris se muestra extremadamente inventivo en su fraseo sincopado, dibujando imaginativos patrones de acordes y arpegios a lo largo de todo el mástil que aportan una dimensión muy interesante a los temas y las improvisaciones. Robinson se inscribe en esa vieja escuela en la que el papel de un guitarrista rítmico era mucho más que proporcionar un monótono muro de acordes rasgados sobre los que el solista se pueda despachar a gusto. Los señalados pasajes en los que él mismo asume el papel de solista como en “Tulsa Yesterday” también le dejan en muy buen lugar.

Neal Casal

Neal Casal

El papel de Chris complementa perfectamente la impecable labor de Neal Casal como guitarrista principal, quien se deja el alma en cada solo, primando siempre el sentimiento frente al despliegue de virtuosismo, firme creyente en el precepto de que una nota bien elegida puede transmitir mucho más que diez encajadas con calzador. La base rítmica formada por el batería George Sluppick y Mark “Muddy” Dutton, viejo conocido para los fans de Black Crowes por ser el bajista de Burning Tree, primigenia banda del eterno guitarrista fugado de los cuervos Marc Ford, proporciona unos cimientos sólidos sobre los que se sustenta la música. Las pantanosas líneas de Dutton y el peso de Sluppick se funden en un lienzo sembrado de detalles interesantes pero que nunca se desvía de su papel como espina dorsal del sonido, evitando arranques que pudieran distraer el rumbo firme a la vez que sosegado de los temas (este es uno de los factores que más alejan a la banda del sonido de los Grateful Dead, otorgándola un punto más convencional en oposición a la anárquica imprevisibilidad de la base rítmica de Phil Lesh y Bill Kreutzmann).

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Adam McDoughall: Keyboard Wizard

Sin embargo, es el teclista Adam McDoughall quien a menudo se convierte en el foco de atención con su amalgama de texturas recién salidas de una máquina del tiempo que confieren un matiz absolutamente único al sonido de la banda. Recuerdo que a la primera escucha de Big Moon Ritual su labor me trajo a la cabeza los demenciales teclados de la banda sonora de La Naranja Mecánica, y aquí una vez más hace despliegue de una galería de sonoridades que serían la envidia de Garth Hudson o Brent Mydland. Ya sea soleando frenéticamente, aportando enigmáticos y desconcertantes contrapuntos melódicos o incluso reproduciendo el pedal steel de Larry Campbell en la lectura del “Roll Old Jeremiah” de los Crowes (de los que también es miembro desde la marcha de Eddie Harsch aunque su labor con ellos es bastante menos histriónica), McDoughall aporta una dimensión única a la banda. No es de extrañar que su labor aparezca acreditada en los discos de CRB como keyboard wizardry. Su trabajo vocal, apoyando a Robinson junto a Dutton y Casal también es digno de mención. Las armonías vocales exhibidas en muchos de los temas del disco son impecables y aportan un color precioso al sonido. Pocas bandas pueden presumir de alcanzar un grado de compenetración tal como para crear este tipo de armonías en concierto, consiguiendo elevar muchas canciones a cotas que rozan lo espiritual.

Los 19 cortes que forman este Betty’s S.F. Blends se reparten entre temas de los dos discos de estudio de 2012, varias composiciones nuevas, un par de canciones de los Black Crowes (entre ellas una inspirada relectura de “Tornado”, de las sesiones del abortado álbum Tall en 1993 que finalmente fue sustituido por Amorica) y de la carrera en solitario de Robinson previa a CRB, y numerosas versiones que van desde el “Saturday Night in Oak Grove” de Tony Joe White (aquí apropiadamente rebautizado “Saturday Night in San Francisco”) a una pausada y vocalmente brillante interpretación del “Do Right Woman” de Aretha Franklin o un “Poor Elijah” de Delaney & Bonnie más abierto que el que suelen hacer los cuervos y que sirve de vehículo para una intensa jam.

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“Muddy” Dutton

Es complicado destacar algún tema en especial dentro de un disco que mantiene tal nivel de consistencia. Por nombrar algunos momentos especialmente brillantes mencionaré el increíble pasaje del solo de “Star or Stone”, en el que Casal invoca el espíritu de Jerry García mientras el resto de la banda conjura un muro de sonido que va creciendo hasta alcanzar un clímax épico, y la jam final de “Roll Old Jeremiah” que se funde en una majestuosa versión de “Tulsa Yesterday”, el precioso tema que abre Big Moon Ritual. Igualmente intensos resultan los dos temas recuperados del ya lejano This Magnificent Distance, segundo disco en solitario de Chris publicado en 2004. Por un lado la cadenciosa e hipnótica “Girl on the Mountain” que degenera en una improvisación demoledora, y por otro “Train Robbers”, en la que Chris utiliza la metáfora del delincuente en fuga para reflexionar sobre la vida del músico en la carretera y que se nutre de unas texturas de teclado de McDoughall extraídas directamente del Rick Wright de “Shine on You Crazy Diamond”, unas armonías vocales en el estribillo que ponen los pelos de punta y un Neal Casal desbocado en el solo de guitarra. Es también necesario mencionar alguno de los temas nuevos, que muestran a una banda en plena efervescencia compositiva. “Meanwhile in the Gods” o “Jump the Turnstile” se cuentan entre los momentos más especiales del disco, aunque si tuviera que destacar una de las canciones inéditas por encima de las demás ésta sería “Badlands Here We Come”, que con su cadencia western, cuidadas voces y duelos entre McDoughall y Casal suena a algo así como Crosby, Stills & Nash haciendo una jam con Quicksilver Messenger Service.

Tras un 2013 dedicado a girar con su banda madre, el nuevo descanso de los Black Crowes da luz verde a Chris para retomar la actividad con unos Brotherhood que ya han anunciado un nuevo disco de estudio, The Phosphorescent Harvest, para el próximo mes de abril. 2015 marca el 25 aniversario de la formación de los cuervos de Atlanta y quizá sea motivo de una nueva reunión, pero de momento tenemos un año entero por delante para disfrutar de unos CRB que en la actualidad parecen ser el foco de la creatividad de Chris por encima de unos Crowes que no publican material nuevo desde 2009. Esperemos que el nuevo disco cumpla las expectativas creadas por estas grabaciones y que ojalá incluso podamos tener a la Hermandad por tierras europeas en los próximos meses.

Chris Wolf

Chris con Wolf

Mientras tanto nos queda amenizar la espera perdiéndonos en el hechizo de este Betty’s S.F. Blends que para mí ya es un clásico moderno para situar en la estantería al lado de Europe ’72 o Live Rust. Lo que está atesorado en los surcos de este cuádruple álbum en directo es música de verdad, de la que hay que escuchar con los cinco sentidos, que requiere tiempo para explorar todos sus recovecos, perderse en sus detalles y disfrutar de sus innumerables giros. Os recomiendo, por tanto, que os lieis uno bien gordo, os pongáis unos buenos auriculares y os transportéis a la primera fila del Great American Music Hall. Las luces acaban de apagarse, Chris, Neal, Adam, Muddy y George están a punto de salir al escenario, y nos esperan dos horas y media de magia en estado puro.

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